El Mundo Según Kassiopea

[Libro] Hijos y soldados (Bruce Henderson)

Esta es la historia de los Ritchie Boys, un grupo de unos dos mil jóvenes judíos alemanes que se habían refugiado en los Estados Unidos huyendo de las persecuciones nazis, a los que el ejército norteamericano entrenó en las tareas de interrogación de prisioneros de guerra y de recogida de información. Divididos en pequeños grupos de élite, se incorporaron a todas las unidades de combate norteamericanas: participaron en el desembarco en Normandía, avanzaron con Patton por Francia, participaron en la batalla de las Ardenas y descubrieron en el campo de Buchenwald todo el horror del Holocausto. Bruce Henderson se ha valido de los recuerdos personales de los supervivientes para seguir la historia de un grupo de estos hombres desde su huida de Alemania, a lo largo de toda la guerra y en sus intentos por descubrir la suerte que habían corrido sus familias.

Me ha parecido un libro interesante porque trata sobre algo bastante desconocido, como la existencia de este grupo de élite.

Todo lo que hicieron los nazis pone los pelos de punta por su extrema crueldad. Pero leyendo la historia de estos hombres que protagonizan el libro, los cuales tuvieron que ser enviados solos a otros países siendo apenas unos niños para que salvaran la vida, una no puede dejar de imaginar aunque sea por un segundo, lo que debió suponer para esos padres enviar a sus hijos a miles de kilómetros, y lo que debieron sentir esos niños al verse solos en un mundo desconocido sin saber si algún día volvería a reunirse la familia. La mayoría de ellos, por desgracia, no volvieron a ver a sus padres nunca.

El libro, aunque no es una novela, está narrado de forma amena y se hace interesante. Vale la pena leerlo.


Formas de morir en la Edad Media

Vivir en la Edad Media no era fácil y perder la vida siendo joven era algo muy común.

Antes de que existieran las vacunas, antibióticos o siquiera el uso de medidas mínimas de higiene, cualquier enfermedad que hoy sería perfectamente tratable, como las infecciones más comunes, en la Edad Media podía ser una sentencia de muerte. Incluso una herida superficial podía matarte si se infectaba, no eran pocos los que perdían miembros o la vida producto de la gangrena.

La muerte de la madre durante el parto era muy común, ya que no solo se carecía de las medidas mínimas de higiene, sino que tampoco habían cuidados prenatales. Una de las causas más comunes era la llamada fiebre puerperal, una infección de los órganos reproductivos que casi siempre culminaba en la muerte. Eso sí, era un fallecimiento democrático, no importaba la clase social ni cuantas riquezas se habían acumulado, todas podían fallecer en el parto.

Si bien las enfermedades infecciosas eran causa común de muerte en la Edad Media, hubo una que marcó récords. Se trataba de la llamada peste negra, que se estima provocó la muerte de entre un tercio y la mitad de los habitantes de Europa durante el medievo. Sistemas inmunológicos considerablemente débiles, mala higiene y una bacteria altamente contagiosa, fueron de gran ayuda para la pandemia más grande de la historia.

En la Edad Media se desarrollaron las llamadas Cruzadas, intentos por recuperar los lugares considerados santos por la Iglesia Católica y que habían caído en manos de los musulmanes. Miles y miles de caballeros emprendieron camino a recuperar estos sitios, asesinando de paso a los musulmanes que se encontraban en el camino, abusando de mujeres y exterminando diversas culturas.

Si bien los suicidios masivos se han dado en distintos momentos de la historia, el que ocurrió el 25 de febrero de 1336 fue un caso aparte. Cuatro mil personas que estaban defendiendo el Castillo Pilenai, en Lituania, se vieron rodeados y superados por sus enemigos. Antes de ser capturados y convertidos en esclavos, prendieron fuego al castillo para destruirlo y luego suicidarse en grupo.

Visto aquí.


La sirena

Westerschouwen fue en tiempos pasados un gran puerto pesquero. Sus naves atravesaban en todas direcciones el mar del Norte y traían ricos cargamentos de pescado. Esto hizo que sus habitantes se volvieran tan soberbios por su gran conocimiento del mar, que frecuentemente solían decir: «Nosotros somos los dueños del mar. ¿En qué parte del mundo se puede encontrar unos pescadores como los de Westerschouwen?»

Un día que un grupo de estos pescadores estaba en sus botes, mar adentro, al sacar las redes encontraron en ellas una hermosa sirena.

– ¡Oh, dejadme escapar, buena gente! – suplicó.

Pero los pescadores, insensibles a los ruegos de la sirena, la metieron en la barca, para llevarla a tierra y enseñarla a la gente de su pueblo. En el camino se fueron burlando de ella despiadadamente.

– ¡Por favor – repetía la sirena -, dejadme marchar, que yo sabré recompensaros!

Pero por toda respuesta los pescadores reían estrepitosamente de sus ofrecimientos. Entonces una voz desgarradora se dejó oír desde lo profundo del mar.

– ¡Es el tritón! – exclamaron los pescadores, con una risa burlona -. Miradle: allí está flotando, con su pequeño en brazos.

Efectivamente, el tritón surgía del agua con su cabellera verde, como las olas, y con el rostro cobrizo. En brazos llevaba a su hijito. Al verlos, la sirena extendió sus brazos amorosamente hacia ellos.

– ¡Devolvédmela! – gritó el tritón, llorando -. ¡Éramos tan felices con nuestro pequeño! ¿Qué vais a hacer con ella? ¡Morirá en cuanto toque tierra!

Pero los pescadores, sin contestarle, siguieron navegando hacia el puerto.
Una y otra vez el tritón aparecía sobre el agua, mirando con pena a su querida esposa, mientras ella, con los ojos llenos de lágrimas, trataba de contemplarlo a través de la red.

Cuando llegaron a la playa, los pescadores saltaron a tierra. Los esperaban sus mujeres e hijos, con gran alborozo. Entonces, sacando la red, la exhibieron ante todos, para que contemplaran a la sirena, mientras el tritón, en la orilla, extendiendo sus brazos con desesperación, nadaba, gritando:

– ¡Escuchadme, pescadores! Nosotros vivimos en el fondo del mar, en una casita hecha de conchas blancas, azules y doradas, que la sirena y yo hemos ido recogiendo amorosamente. Tenemos un hijito que es nuestra alegría. ¿Vais a permitir que ella muera en tierra? ¡Tened piedad!

Pero los hombres y las mujeres gritaban alegremente, sin hacerle ningún caso, mientras arrastraban a la sirena, encerrada en la red, hasta el faro próximo, donde la abandonaron. Al poco tiempo, la pobre sirena murió.El tritón, loco de desesperación, trataba de acercarse todo lo que podía al faro, vigilando a su querida esposa, mientras los pescadores se burlaban de él, diciendo:

– ¿En qué puedes tú dañarnos? No posees espadas, ni flechas, ni nada con que hacernos mal.

El tritón no comprendía sus gritos y la dureza de sus corazones; pero tenía el suyo lleno de odio, dolor y venganza. De pronto empezó a hundirse, y de nuevo salía a la superficie transportando algas y arena. Con ellas fue rellenando los fondos de la orilla del mar, y en pocas horas las vías de salida de los barcos del puerto quedaron completamente obstruidas.
Entonces, el tritón, nadando lentamente, se alejó con su niño hacia su casita de conchas azules, blancas y doradas, y nunca más volvió a Westerschouwen.

La arena y las algas, lenta y silenciosamente, iban siendo arrojadas a la playa por la marea, llegando a bloquear el puerto y encallando las embarcaciones que se hallaban en él.
Poco después, las tempestades v el viento empujaban la arena hasta cubrir las casas y las calles de Westerschouwen. Hasta que al fin tan imposible se hizo allí la vida, que los orgullosos pescadores tuvieron que abandonar la ciudad.

Sin embargo, la arena no invadió el faro, donde la sirena había muerto, y las olas, que tenían el color del pelo del tritón, siguieron meciendo dulcemente aquellos lugares.

(Leyenda holandesa)


Coleccionaba muñecas vintage… y resultaron ser cadáveres

Hoy toca otro post de momias. No es que me haya aficionado a lo macabro, ni mucho menos, simplemente me he encontrado otra historia un poco espeluznante. Veamos, pues, de qué se trata.

A Anatoly Moskvin le encantaba la historia. Hablaba 13 idiomas, viajaba mucho, enseñaba en la universidad y era periodista en Nizhny Novgorod, la quinta ciudad más grande de Rusia. Moskvin también fue un autoproclamado experto en cementerios, y se autodenominó “necropolista”. Un colega llegó a afirmar que su trabajo “no tiene precio”.

Lástima que Moskvin llevó su experiencia a unos niveles digamos que poco saludables. En 2011, el historiador fue arrestado después de que fueran encontrados en su casa los cuerpos de 29 niñas y jóvenes de entre 3 y 25 años.

Anatoly Moskvin era conocido como el último experto en cementerios en su ciudad de Nizhny Novgorod, Rusia. Él atribuye su obsesión con lo macabro a un incidente en 1979 cuando tenía 13 años. Moskvin compartió esta historia en Necrologías , una publicación semanal dedicada a cementerios y obituarios, de la que fue un ávido colaborador.

En su último artículo para la publicación, fechado el 26 de octubre de 2011, Moskvin divulgó cómo un grupo de hombres con trajes negros lo detuvieron en el camino a casa desde la escuela. Acudían al funeral de Natasha Petrova, de 11 años, y arrastraron al joven Anatoly hasta el ataúd, donde lo obligaron a besar el cadáver de la niña. Moskvin escribió: “La besé una vez, luego otra vez, luego otra vez”. La madre afligida de la niña puso un anillo de bodas en el dedo de Anatoly y otro anillo en el dedo de su hija muerta. “Mi extraño matrimonio con Natasha Petrova fue útil”, decía Moskvin en el artículo. Extraño, por cierto. Dijo que eso llevó a creer en la magia y, en última instancia, a una fascinación por los muertos. Ya sea cierta o no la historia, sus perturbadores pensamientos quedaron sin control durante más de 30 años.

El interés de Anatoly Moskvin por los cadáveres después del incidente de los besos nunca disminuyó. Comenzó a vagar por los cementerios como un colegial. Su interés macabro influyó en sus estudios y Moskvin obtuvo un título avanzado en estudios celtas, una cultura cuya mitología a menudo desdibuja las líneas entre la vida y la muerte. El historiador también dominó unos 13 idiomas y fue un erudito al que le publicaron muchos trabajos.

Anatoly Moskvin y una de sus “muñecas”

Moskvin vagaba de un cementerio a otro. “No creo que nadie los conozca mejor que yo”, dijo sobre su amplio conocimiento de los muertos de la región. Desde 2005 hasta 2007, Moskvin afirmó haber visitado 752 cementerios. Tomó notas detalladas de cada uno y profundizó en las historias de los enterrados allí. Afirmó haber caminado hasta 20 millas por día, a veces durmiendo en pacas de heno y bebiendo agua de lluvia de charcos.

Moskvin publicó una serie documental de sus viajes y descubrimientos titulados “Great Walks Around Cemeteries” y “What the Dead Said”. Estos siguen siendo publicados en un periódico semanal. Incluso dijo que pasó una noche durmiendo en un ataúd antes del funeral de una persona fallecida.

En 2009, los lugareños comenzaron a descubrir las tumbas de sus seres queridos profanados, a veces los cadáveres habían sido completamente desenterrados. El portavoz del Ministerio del Interior ruso, el general Valery Gribakin, dijo a CNN que inicialmente: “Nuestra teoría principal era que fue obra algunas organizaciones extremistas. Decidimos reforzar nuestras unidades de policía y establecer grupos de vigilancia compuestos por nuestros detectives más experimentados especializados en crímenes extremistas “.

Después de varios años sin resultados, la investigación llevó a los agentes hasta un cementerio donde alguien estaba pintando sobre las imágenes de musulmanes muertos pero sin dañar nada más. Aquí fue donde finalmente capturaron a Moskvin . Ocho oficiales de policía fueron a su apartamento después de detenerle en las tumbas de los musulmanes para reunir pruebas. Lo que encontraron allí los sorprendió a todos y sacudió al mundo.

El hombre de 45 años vivía con sus padres y algunas ratas en un pequeño apartamento. En el interior, las autoridades encontraron figuras a tamaño natural, como muñecas.

Las figuras parecían muñecas antiguas. Llevaban ropa fina y variada. Algunas llevaban botas hasta la rodilla, otras tenían maquillaje sobre las caras, que Moskvin había cubierto de tela. También había escondido sus manos en tela. Pero resultó que no eran muñecas, eran los cadáveres momificados de chicas.

Cuando la policía movió uno de los cuerpos, sonaba música. Dentro de los cuerpos de muchas de las muñecas, Moskvin tenía incrustadas cajas de música. También se encontraron fotografías de las lápidas, manuales de fabricación de muñecas y mapas de los cementerios locales esparcidos por el apartamento. La policía incluso descubrió que la ropa que llevaban los cadáveres momificados era la ropa con la que fueron enterrados.

Además de las cajas de música, dentro de algunos cuerpos se encontraron también objetos personales y ropa. Una momia tenía un trozo de su propia lápida con su nombre garabateado dentro de su cuerpo. Otra contenía una etiqueta de hospital con la fecha y la causa de la muerte de la niña. Un corazón humano seco fue encontrado dentro de un tercer cuerpo.

Moskvin admitió que rellenaba los cadáveres en descomposición con trapos. Luego envolvía medias de nailon alrededor de sus caras o les hacía caras de muñecas. También insertaba botones u ojos de juguete en las cuencas de los ojos de las chicas para que pudieran “ver dibujos animados” con él.

Dijo que había desenterrado tumbas de niñas porque estaba solo. Explicó que era soltero y que su mayor sueño era tener hijos. Las agencias de adopción rusas no le permitirían adoptar un niño porque no ganaba suficiente dinero. Tal vez eso fuera lo mejor, viendo la condición insalubre de su apartamento y sus obsesiones psicóticas con los muertos.

Moskvin añadió que había hecho lo que hizo porque estaba esperando que la ciencia encontrara la manera de devolver la vida a los muertos. Mientras tanto, usó una solución simple de sal y bicarbonato de sodio para preservar a las niñas. Celebraba los cumpleaños de sus muñecas como si fueran sus propios hijos.

Elvira, la madre de 76 años de Moskvin, dijo: “Vimos estas muñecas pero no sospechamos que había cadáveres dentro. Pensamos que era su afición hacer muñecas grandes y no vimos nada malo en ello”.

En total, las autoridades descubrieron 29 muñecas de tamaño natural en el apartamento de Moskvin. Su edad oscilaba entre los 3 y los 25 años. Conservó un cadáver durante casi nueve años. Fue acusado de una docena de delitos, todos los cuales se referían a la profanación de tumbas. Los medios rusos lo llamaron “El señor de las momias”.

Esta es, quizás, la creación más espeluznante de Moskvin

Los vecinos estaban sorprendidos. Dijeron que el renombrado historiador era un hombre callado y que sus padres eran buenas personas. Claro, un olor rancio emanaba de su apartamento cada vez que abría la puerta, pero un vecino lo atribuía al “hedor de algo que se pudre en los sótanos” de todos los edificios locales.

El editor de Moskvin en Necrologies , Alexei Yesin, lo describió como un hombre “peculiar”, pero nunca habría imaginado que sus peculiaridades incluyeran la momificación de 29 jóvenes mujeres y niñas.

Ante el juez, Moskvin confesó 44 cargos de profanación de tumbas y cadáveres. Dijo a los padres de las víctimas: “Abandonasteis a vuestras hijas, yo las traje a casa y les di calor”.

A Moskvin se le diagnosticó esquizofrenia y fue condenado a permanecer recluido en un psiquiátrico,  aunque desde septiembre de 2018, tiene la oportunidad de continuar el tratamiento psiquiátrico en su hogar. Los familiares de las chicas fallecidas no están de acuerdo con su liberación.

Además, supuestamente Moskvin advirtió a las autoridades que no se molestasen en volver a enterrar a las chicas muy profundamente, porque una vez libre las volvería a desenterrar.

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