El Mundo Según Kassiopea

¿Pero qué se ha creído Tamayo?

A veces, cuando lees el periódico te encuentras con algunas noticias que te ponen de muy mala leche. Esto es lo que me pasa a mí cada vez que veo a un cura echar las culpas a los demás en el tema de la pederastia.

El portavoz de la Conferencia Episcopal, José María Gil Tamayo, ha reconocido en una entrevista que durante años la Iglesia ha guardado un «silencio cómplice» ante los casos de pederastia. En fin, por algo se empieza. Pero es que a continuación el muy cretino suelta que «esto no exime al resto de asumir su cuota de responsabilidad en esta cultura común compartida de silencio» porque, según él, la pederastia de los curas se produce en un contexto de «inacción de toda la sociedad española».

Yo, como parte de esta sociedad a la que este lumbreras se refiere, no soy responsable de que los curas sean una pandilla de depravados y pederastas. Ni yo, ni nadie de mi entorno, ni nadie que sea medio normal. Porque los que abusan de niños son ellos, no yo. Porque yo si me tropiezo con un pederasta, lo denunciaré, al igual que cualquier persona normal, no como el clero que se tapan unos a otros. No como los curas, que no va ninguno a la cárcel.

Estamos de acuerdo en que en todos los colectivos pueden existir casos de pederastia. En todos los colectivos puede haber violadores y criminales de todo tipo. Pero que no pretendan exculparse repartiendo sus culpas entre el resto de la sociedad.

No, señor Gil Tamayo, el único responsable de un delito es el que lo comete. Hagan el favor de dejarse de tonterías y asumir de una vez su responsabilidad.

Arte urbano: las fachadas de flores de Ouizi

Ouizi es una artista urbana de Detroit que decora las fachadas con motivos florales. También hace murales de interior si se lo piden. Ha pintado en varias ciudades del mundo. Eso sí, siempre flores.



Los enanitos del alfiletero

Los Galtxagorris son unos enanos fabulosos, poseedores de descomunal fuerza y capaces de realizar los más insólitos trabajos para los hombres en un brevísimo espacio de tiempo.

Son de color rojo, de ahí viene su nombre galtxagorri o prakagorri -el del calzón rojo-.

Son tan diminutos, que en un alfiletero cabe toda una comunidad de ellos.

Cuenta la leyenda que en Kortezubi un hombre compró los galtxagorris, con finalidad de hacerlos trabajar.

Los guardó dentro de un alfiletero. Les ordenaba hacer un trabajo y terminaban al instante y pedían realizar otro. E igualmente concluían al momento. Así, volvían a pedir trabajo y del mismo modo lo concluían con presteza.

El hombre, alarmado, empezó a temer un peligro si no se le ocurría qué faena otorgarles. Así, como solución les ordenó traer agua en un cedazo. Naturalmente no pudieron realizar el trabajo, pues era imposible.

Los geniecillos desaparecieron entonces y el hombre recobró su tranquilidad.

(Leyenda vasca)

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