Después de pasarse la vida trabajando y cotizando, después de ver como año tras año pierden poder adquisitivo y después de la irrisoria subida de las pensiones este año, los jubilados se han hartado y han tomado las calles para protestar contra este gobierno que está saqueando la hucha de las pensiones y, en definitiva, las arcas del Estado. Se han manifestado en varias ciudades y en Madrid, por ejemplo, han logrado romper el cordón policial situado en torno al Congreso.

Me produce bastante tristeza y, por qué no decirlo, mucha vergüenza ver a los abuelos tomando las calles. Vergüenza porque estas son las personas que levantaron el país en su momento, en una época muy difícil. Vergüenza porque ellos son los que lucharon y consiguieron lo que hoy tenemos, porque gracias a su generación los que hoy somos más jóvenes vivimos muy bien en comparación con la época en que a ellos les tocó vivir su juventud. Vergüenza que tengan que ser ellos los que salgan, otra vez, a dar la cara mientras miles de ninis se han pasado el día delante del televisor o jugando a la Play. Otros hemos seguido con nuestro día a día como si no pasara nada, deseando terminar la jornada laboral para volver a casa a descansar, cuando la pérdida del estado del bienestar es algo que nos concierne y nos afecta a todos.

Hoy los jubilados nos han dado una lección a todos y deberíamos estar orgullosos de ellos, porque en su momento levantaron este país y no han abandonado el espíritu de lucha.

Gracias, abuelos.

Hoy nos ha dejado el gran humorista gráfico Antonio Fraguas de Pablo, más conocido como Forges, a los 76 años, víctima de un cáncer.

Considerado uno de los mejores humoristas gráficos españoles, Forges trabajó para las principales revistas de humor del país y también para algunos periódicos. Su humor inteligente le hizo acreedor de varios galardones.



Christian Poincheval, un ciudadano francés de 65 años, afirma haber inventado unas pastillas para lograr que los gases huelan a chocolate o rosas. Dice haber elaborado las susodichas pastillas con ingredientes 100% naturales como hinojo, algas o arándanos. Estas píldoras, que han sido aprobadas por las autoridades sanitarias, pueden adquirirse en la red por el módico precio de 9,99 dólares el frasco y, en palabras de su creador, además del olor dulzón que dan a las flatulencias, también reducen la hinchazón del estómago y los gases.

Según cuenta, tuvo la idea cuando un día estaba disfrutando de una buena comida con los amigos y se percató de que las flatulencias del grupo eran insoportables. Así pues, empezó a indagar para encontrar la fórmula mágica que cambiara ese olor inaguantable por un aroma a chocolate o rosas. El resultado lo obtuvo en 2006 que fue cuando empezó a comercializarlas con grandes resultados.

Digo yo que ir a comer con ese grupo de amigos tiene que ser de lo más agradable…


Visto en https://www.20minutos.es/gonzoo/noticia/pastilla-flatulencias-chocolate-rosas-3267475/0/

Dice una antigua leyenda vikinga, que el rey Frodi, de Dinamarca, recibió en una ocasión de Hengi-kiaptr el regalo de dos piedras de molino mágicas, llamadas Grotti, que eran tan pesadas que ninguno de sus sirvientes ni sus guerreros más fuertes podían darles la vuelta.

Durante una visita a Suecia vio y compró como esclavas a las dos gigantas Menia y Fenia, cuyos poderosos músculos y cuerpos habían llamado su atención. De regreso a casa ordenó a sus dos nuevas sirvientas que molieran oro, paz y prosperidad. Las mujeres trabajaron alegremente hasta que los cofres del rey rebosaban oro y la paz y la prosperidad abundaban en sus dominios. Pero el rey, en su avaricia, ni siquiera permitía a sus sirvientas descansar, por lo que estas se vengaron moliendo una guerra y provocando la muerte del rey a manos de los vikingos.

El rey vikingo Mysinger tomó las dos piedras y a las sirvientas y las embarcó en su nave, ordenando a las sirvientas que molieran sal, que era un producto muy valorado en aquel tiempo. Pero el rey vikingo se volvió tan avaricioso como el rey Frodi, no dejando descansar a las mujeres, por lo que, como castigo, tal fue la cantidad de sal que molieron que al final su peso hundió el barco. A consecuencia de esta gran cantidad de sal, el mar se volvió salino.

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