El Mundo Según Kassiopea

Las rarezas del Museo Mütter

Los aficionados a la medicina macabra probablemente han escuchado historias del legendario Museo Mütter en Filadelfia. Este lugar está lleno de rarezas anatómicas, especímenes patológicos, curiosidades humanas e instrumentos médicos antiguos.

Dentro del espeluznante ya la vez clínico Museo Mütter, residen esqueletos de todas las formas y tamaños, así como el tumor de la mandíbula del presidente Grover Cleveland, bebés deformados en frascos y órganos preservados de todo tipo. Si bien por su contenido puede parecerse a la casa de un científico loco, las raíces del museo en realidad rinden homenaje a uno de los cirujanos más humanos, respetados y talentosos de la historia.

Estas son algunas de las cosas que se pueden ver en el Museo Mütter.

Gemelos siameses nacidos muertos en el siglo XIX


Kit de embalsamamiento


Collar hecho con verrugas genitales


Momia


Cara de un sifilítico en fase avanzada


Mujer con un quiste ovárico bastante grande

Visto en https://allthatsinteresting.com/tag/curiosities

Se hace un colgante con la oreja de su compañero de celda

Un preso de una cárcel de Florida asesinó a su compañero de celda, le sacó los ojos y se hizo un collar con una de sus orejas.

Los hechos se produjeron en el Columbia Correctional Institution, cuando el homicida, que no ha sido identificado, estranguló a su compañero de celda por, según declaró, “haberlo molestado”.

El preso enseñó el colgante que se hizo con la oreja de su compañero a otros presos durante el desayuno en el comedor. Los ojos los dejó en una taza en la celda y, según contó, su intención era comérselos más tarde.

Pues nada, bien guapo irá a la silla eléctrica con su collar nuevo.

(Visto en El Periódico)

20 consejos para llamar a atención al cliente

Hoy en día, la mayoría de las empresas que ofrecen algún servicio disponen de un teléfono de atención al cliente. Yo hace muchos años que me dedico a eso, por lo que te voy a dar unos consejitos para que tu llamada a cualquier servicio de atención al cliente sea una experiencia placentera para todos.

  1. Cuando llames a atención al cliente, seguramente te pediré el número de DNI para localizarte, así que si no te lo sabes procura tenerlo preparado. No puedo perder media hora esperando a que aparezca tu carnet perdido.
  2. Recuerda que el DNI lleva una letra al final. No me obligues a preguntarte “¿y la letraaaa?” cada vez que llames: quedas como un palurdo.
  3. Si llamas para informarte sobre algo y mi respuesta no te gusta, no insistas ni le des vueltas, no entres en un bucle infinito. Piensa que en atención al cliente no nos inventamos las cosas, sino que seguimos las directrices de la empresa, lo que te decimos es lo que hay, te guste o no.
  4. Si llamas enfadado por algo que según tú la empresa ha hecho mal, no vociferes ni despotriques. Cuando haces esto yo enciendo el altavoz del teléfono para que mis compañeros te oigan y, mientras tú echas espuma por la boca, nosotros nos descojonamos todos de ti. Después de finalizar la llamada aún estamos un rato echando unas risas a tu costa.
  5. Si eres cliente de la empresa, no llames lloriqueando para ver si te hacemos un descuento porque te voy a decir que ni hablar del peluquín. Eres exactamente igual que los demás clientes, no eres VIP ni lo serás en tu vida.
  6. Si nos debes dinero y llamas, no me cuentes tu vida ni los graves problemas económicos que atraviesas. Sinceramente, no me importa.
  7. Tampoco me pongas excusas. Eso de que el perro se comió la factura y por eso no la has podido pagar no cuela.
  8. Si llamas para abonar algo con tarjeta de crédito o para decirnos un número de cuenta o cualquier otro dato, tenlo preparado. No voy a esperar media hora a que tú vayas al coche a buscar la cartera.
  9. Si llamas para solicitar algún tipo de documentación y te tomo nota, no vuelvas a llamar a los cinco minutos porque no la has recibido. No eres el único cliente y recibirás las cosas cuando te toque. Recuerda el punto 5: no eres VIP.
  10. Si el banco te ha devuelto un pago, no le eches la culpa al banco ni te pongas en actitud indignada diciendo que vas a ir a la oficina bancaria a montarles el pollo. Piensa que a mí me aparece en pantalla el motivo de la devolución, por lo que sé perfectamente que el impago es por falta de saldo y me voy a reír de ti.
  11. Cuando llames, haz callar al perro y remata al niño para que deje de sufrir y no chille más. De lo contrario, a parte de no enterarme de lo que me estás diciendo me voy a quedar sorda y tendré que coger la baja. Y a ver entonces quién te atiende.
  12. Y no, no podemos colgar y llamarte yo. Si no tienes saldo en el móvil lo recargas, y si te queda poca batería lo enchufas.
  13. No me llames mientras vas conduciendo. A parte de ser peligroso para ti, el ruido que hace esa lata de hace treinta años que tienes por coche no me deja oírte bien. Piensa que cuando me llamas desde el coche hago rituales y conjuros para que te pillen, te metan una multa de las que duelen y te quiten los pocos puntos que te quedan en el carnet. No te confíes, algún día mis conjuros darán resultado.
  14. Si te tengo que enviar documentos, no me exijas que te los envíe ordenados o con la información desglosada a tu gusto. No soy tu secretaria. Y tú no eres VIP.
  15. Cuando llames un lunes quejándote porque durante el fin de semana nadie te ha cogido el teléfono, recuerda que igual que a ti no te gusta trabajar los fines de semana y los festivos (y no los trabajas), a mí tampoco (y tampoco los trabajo).
  16. Cuando me llames para quejarte por algo, no tengas a tu mujer detrás indicándote lo que tienes que decir. Al teléfono se oye todo y quedas como un calzonazos. Y me voy a reír de ti.
  17. Si eres cliente, no hace falta que llames cada día para preguntar tonterías. Ten en cuenta que el teléfono desde el que llamas aparece en pantalla y cuando llamas tanto ya sabemos que eres tú y te pondremos un mote: pasarás de ser el “Sr. López” a ser “el plasta paleto de… (pon aquí tu lugar de procedencia)”.
  18. Si tienes que reclamar algo, no entres gritando y exigiendo. Se te dará una explicación y es lo que hay (recuerda el punto 3). Y no, no te voy a decir mis apellidos ni mi DNI y, por supuesto, no te voy a pasar con un “superior” ni con nadie. Y si me insultas, te colgaré el teléfono sin más, por imbécil.
  19. Si no te ha gustado mi respuesta y vuelves a llamar a ver si se pone otra persona, recuerda que tu número aparece en pantalla, por lo que sabemos que eres tú dando la brasa otra vez. Te vamos a decir exactamente lo mismo y seguramente te pondremos un mote. Además, nos vamos a reír de ti.
  20. Si sabes de sobra cuál es nuestro horario (porque eres un pesado que no para de llamar), ¿por qué llamas cuando sabes que me falta un minuto para irme? ¿sabes que tengo vida después del trabajo? También tienes un mote, ya no eres el “Sr. López”, eres “el gilipollas tocahuevos de… (pon aquí lo que quieras)”.

En resumen, cuando tengas que llamar a un servicio de atención al cliente sé cordial y educado. Piensa que al otro lado del teléfono hay una persona igual que tú, trabajando. No eres superior ni eres VIP. Los que trabajamos en el departamento de atención al cliente no somos los dueños de la empresa, nosotros no ponemos las normas, pero intentamos ayudarte en la medida de nuestras posibilidades.

El druida Abriarix

Cuenta la leyenda que existió un druida llamado Abriarix, el cual formó su propio ejército con el fin de unificar a las tribus Celtas de la región de Galia, para invadir la Isla de Bretaña, luego Germania y así formar un solo imperio Celta bajo su mando.

En un principio ganó una gran adhesión por parte de algunas tribus, sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que se hizo famoso por la crueldad con que trataba tanto a enemigos como aliados; su falta de respeto por los rituales ancestrales, como no devolver a la tierra los favores solicitados en el combate, y hasta valerse muchas veces de las fiestas religiosas para atacar a las demás tribus mientras los guerreros estaban celebrando y bebiendo.

El equilibrio estaba roto y el Gran Consejo de Druidas se reunió para analizar la situación.

De todo el territorio galo llegaron miembros al escuchar “el llamado del viento”.

Abriarix se negó a asistir y renegó de la autoridad del Consejo.

Se decidió enviar entonces a una delegación a dialogar con él y exigirle que la armonía fuera restaurada.

A las dos semanas volvió el más joven de los enviados con un mensaje de Abriarix.

Su lengua había sido cortada, sus ojos vaciados y sus oídos quemados.

Pudo llegar gracias a su hermoso perro labrador.

En su morral traía las cabezas de los otros dos emisarios, ambos aún se encontraban con las facciones contraídas por el dolor.

Habían sido ejecutados sin ningún tipo de sedante, sus almas vagarían presas del dolor por la eternidad.

Semejante sacrilegio no podía ser tolerado.

Se necesitaba un héroe, alguien con la fuerza suficiente como para derrotar a la guardia del renegado y poder darle muerte.

Sólo existía un hombre capaz de tal proeza,

Bretengetorix, el más joven de los jefes de tribus, nunca vencido en combate singular, iniciado en las artes druídicas hasta que una visión en sueños le dijo que su destino era ser el Jefe de la Tribu.

Rápido como el lobo, astuto como la comadreja, sabio como el búho, fuerte como el oso y noble como el águila, nadie más podría vencer a Abriarix si lo retaba a duelo, el cual estaba obligado a aceptar según las leyes, ya que de no hacerlo, corría el riesgo de perder el respeto de sus hombres.

Lamentablemente los que lo habían retado antes habían caído en los trucos y trampas de Abriarix, trucos que Bretengetorix conocía muy bien gracias a sus primeros años de estudio.

Sin embargo el cuervo, que había sido enviado a espiar al Consejo, fue más rápido que el viento y le informó de los planes a Abriarix.

Esa misma noche, y por la traición de uno de los guardias, Bretengetorix fue drogado y tomado prisionero, no sin antes enviar a diez de sus captores al encuentro con los dioses.

Necesitaron la dosis de droga usada para igual cantidad de hombres antes de que las fuerzas abandonaran al valiente guerrero.

La noticia se difundió rápidamente.

El gran Bretengetorix estaba prisionero en las mazmorras de la ciudad de Courdon, donde había sido desangrado hasta perder el conocimiento, y así se le dejaría como muestra de que ningún poder humano podía oponerse a Abriarix.

El consejo no sabía qué hacer.

Los signos eran inequívocos, si el equilibrio no era repuesto pronto, grandes males caerían sobre las tribus.

Mientras tanto en Audencia, la prometida de Bretengetorix, Fandala, que era aprendiz de druida, le pedía a todos los animales que le llevaran su aliento a Bretengetorix, pero ninguno se atrevía a acercarse siquiera a la fortaleza de Courdon.

Las serpientes rodeaban el muro exterior y los cuervos ensombrecían el cielo de la ciudad, hasta se rumoreaba que criaturas “del otro lado” custodiaban el lugar.

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