Quién me iba a decir que estos peperos me iban a alegrar el día. Por fin he recuperado la soberanía sobre mi útero y además el carca-fascista-meapilas-cavernícola de Gallardón ha dimitido. Y que dimita un pepero es más difícil que matar un burro a pellizcos. Cuánto miedito debe haber en el cortijo peperil.
El caso es que el infame Gallardón se larga y sólo podrá mandar en los bajos de su mujer, si ésta le deja, claro. Rouquito Varela debe estar contento…


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