En una época no muy lejana (I): los viajes en transporte público

Hace un rato me ha dado por recordar tiempos pasados, de cuando no había internet ni móviles, cosas de una época no tan lejana. Yo tengo cuarentayalgo de años, por lo que no soy tan mayor y cuando miro hacia atrás veo cómo los tiempos han cambiado muchísimo en no demasiados años. El caso es que en apenas dos minutos he conseguido hacer una lista de cosas que quizás a alguien nacido en el año 2000 le parezcan, no diré increíbles pero sí algo curiosas.
 
El primer punto de la lista son los viajes en transporte público. En el metro, ni las estaciones ni los trenes eran como ahora; era todo, por llamarlo de alguna manera, como más «artesanal». No había tarjetas multiviaje y tenías que comprar el billete a una señora que estaba encerrada en una pequeña taquilla, teniendo que hacer la cola correspondiente si ibas en hora punta. Recuerdo cuando un billete costaba 6 pesetas; eso en euros son unos 4 céntimos. ¿Os imagináis lo que sería hoy en día poder cruzar la ciudad por 4 céntimos?

 

Recuerdo las taquillas del metro durante mi infancia como algo parecido a esto

Dentro de los vagones había un señor que era el que se encargaba de abrir y cerrar las puertas apretando unos botones. Qué horror de curro, además de aburrido todo el día de pie y aguantando los apretujones en las horas punta.
 
Los autobuses urbanos tampoco eran como los de ahora. Eran más grandes y de color verde (hoy son rojos), hacían mucho más ruido, los asientos eran muy incómodos y seguro que contaminaban mucho más que los de ahora.

 

Así eran los autobuses de Barcelona hace algún tiempo

Se accedía por detrás, por la última puerta. Y dentro había un señor sentado ante un pequeño mostrador que despachaba los billetes. Tampoco debía ser muy divertido ese trabajo, pero por lo menos éste iba sentado, un pequeño avance respecto al del metro.

 

El que vendía los billetes

Hoy en día está todo automatizado. Los vendedores de billetes no existen y en su lugar hay varios tipos de tarjeta multiviaje que se compran en máquinas expendedoras. Y es que como dijo alguien «hoy las ciencias avanzan que es una barbaridad».

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