Odio la Navidad

Sabes que se acerca la Navidad cuando empiezas a ver las primeras bolitas en los escaparates; cuando empiezan a colocar las luces en las calles, en la tele ponen películas de Santa Claus y en el trabajo te anuncian la fecha de la infumable cena de empresa. Esa cena a la que vas por compromiso, porque es lo que menos te apetece en este mundo, pero claro, hay que quedar bien. Llega esa época en la que parece que sea obligatorio ser feliz, en la que estamos obligados a ser solidarios y todo el mundo es bueno.

Los centros comerciales a rebosar de gente, comprando regalos para parientes a los que no ven durante el resto del año y a los que probablemente no soportan. Lo mismo pasa en los supermercados, todo el mundo comprando toneladas de comida porque, eso sí, vamos a comer como si no hubiera un mañana. Y que no se nos olvide el turrón: del duro, del blando y de todas las variedades posibles.

Luego en el trabajo toca el asunto del amigo invisible, que no he visto en mi vida cosa más absurda. Tienes que perder varias horas de tu vida buscando un regalo que se ajuste al presupuesto estipulado para el evento. Un regalo para ese compañero/a cuyos gustos apenas conoces ─ni tienes por qué conocer─, ni te interesan. Y solo falta que te toque regalar al único que te cae mal en toda la empresa. En mi trabajo, por suerte, ya hace un par de años que conseguimos erradicar lo del amigo invisible.

Toca en estos días bajar del altillo los adornos navideños y decorar el árbol. Y la pereza que da después recogerlo todo otra vez. En mi casa este año hemos decidido que no ponemos ni árbol ni adornos. Eso sí, algo bueno tiene la Navidad y es que hay unos cuantos días festivos en los que no hace falta madrugar para ir a trabajar.

Por supuesto, seguiré diciendo Feliz Navidad, por costumbre y porque tampoco tengo motivos para desear lo contrario a nadie. Pero aún no ha llegado y ya estoy deseando que acabe.

4 respuestas a Odio la Navidad

  • la navidad para mí ha llegado a ser todo un fastidio. me gusta sobremanera mi aburrida rutina diaria y la navidad me saca de ella.

    saludos

  • Bueno, ahora que tengo hijas se ve de otro modo, pero he pensado como tú mucho tiempo y te entiendo bien.
    Lo que sigo sin aceptar es el rollo consumista llevado a esos extremos en lo referente a los regalos y, sobre todo, en la comida. Lo de la felicidad, el buen rollo y todo eso lo entiendo, pero no sé por qué hay que comer tanto.

    Besos 🙂

    • Es que el buen rollo deberíamos tenerlo todo el año. Es cierto que los niños sí que disfrutan estas fiestas, y es lógico que los que sois padres disfrutéis de su felicidad. Ayer me lo comentaba una compañera de trabajo que tiene un niño pequeño, al chaval le encanta el rollo navideño.

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