Ayer tuvo lugar un evento astronómico, coincidió una superluna con un eclipse. Estas cosas siempre dejan fotografías espectaculares. Aquí van algunas.

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El pasado fin de semana me dediqué a ver la primera (y última para mí) de la tan anunciada nueva serie, Britannia. Los temas históricos dan para hacer grandes series, si se pone empeño, y yo tenía grandes esperanzas puestas en Britannia. Romanos contra celtas, una parte de la Historia apasionante.

Bueno, pues Britannia ha resultado ser un mojón. Me da igual que no tenga rigor histórico; eso para mí es lo de menos ya que disfruto igual de una buena trama totalmente de ficción, incluso con tintes fantásticos, aunque los personajes vayan vestidos de romanos. Pero esta serie ha resultado ser un tostón infumable.

No hay por donde cogerla, empezando por la música de cabecera, la cual no pega nada con la temática, pasando por los druidas, que son esperpénticos, y acabando por los romanos, que los han vestido con un disfraz comprado en los chinos. Fatal todo.

Rodeado de libros, un campo de minigolf y cañas de pesca en un verano eterno. Así es como un brasileño ha decidido vivir los últimos 22 años en la playa de su ciudad natal, en Barra da Tijuca (Rio de Janeiro).

Marcio Mizael Matolias disfruta de las vistas más privilegiadas desde su propio castillo, literalmente. Es el escultor de un majestuoso castillo de arena que ha convertido en su residencia fija.

Todos los días se ocupa de retocar los detalles y acabados de su casa para así ceder más espacio a sus dos pasiones: los libros y el golf. En el resto de su tiempo libre se sienta en su trono ubicado en la entrada de su castillo y posando junto a los turistas.

“Crecí en la Bahía de Guanabara, cerca de Río, y siempre he vivido en la playa. La gente paga alquileres exorbitantes para vivir frente al mar, pero yo no tengo facturas y tengo una buena vida”, explica Marcio.

Su único problema son las noches muy calurosas que le impiden dormir, por lo que a veces es acogido en casa de amigos. Pero no duda en recordarse a sí mismo que nada mejor que “mojar un poco los pies” en el agua para refrescar.


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