El Mundo Según Kassiopea

El razonamiento motivado

Es difícil salir victorioso de una discusión o un debate. Puedes presentar estudios científicos, evidencias históricas e incluso fotos o videos para respaldar tus palabras, pero algunas personas simplemente no se moverán de su posición. ¿Alguna vez te has preguntado por qué las personas se niegan a cambiar sus creencias, sin importar cuán extravagantes sean, incluso cuando se enfrentan a hechos fríos y duros? Bueno, resulta que el «razonamiento motivado» es el culpable, y todos somos culpables de ello.

El psicólogo Leon Festinger observó en 1956 que las personas tienen más probabilidades de llegar a conclusiones que desean alcanzar. Esto puede sonar obvio, pero solo en la medida en que nuestros cerebros lleguen a creer que esas conclusiones son reales. Cuando queremos creer algo, buscamos evidencias que apoyen la creencia, y si encontramos incluso una sola pieza de pseudo-evidencia, entonces nos damos permiso para creer, lo que nos permite dejar de pensar. Este fenómeno de toma de decisiones con prejuicios emocionales se denomina «razonamiento motivado» y se basa en la idea de que las emociones y los motivos prevalecen sobre los hechos y las pruebas. Como el psicólogo social Jonathan Haidt escribió una vez , «el proceso de razonamiento es más parecido a un abogado que defiende a un cliente que a un juez o científico que busca la verdad».

«Si eres un creyente motivado, entonces no hay forma de que pueda darte información para sacarte de esa creencia», dijo el escéptico de «La Guía del Universo de los Escépticos», el Dr. Steven Novella. «Tienes que, en algún momento, tener una idea de tu propia psicología. De lo contrario, usarás herramientas para reforzar la creencia que querías en primer lugar. En algún momento, debes confrontar la psicología con la creencia . «

El poder del razonamiento motivado es difícil de exagerar. En un estudio de 1986 , los sujetos que obtuvieron una puntuación baja en una prueba de CI, más tarde eligieron leer los artículos que criticaban la validez de las pruebas de CI, en lugar de los artículos que las respaldaban. En un estudio de 1992 que incluyó una prueba de salud , los participantes que recibieron un pronóstico no deseado encontraron más razones por las que los resultados de la prueba podrían no ser precisos en comparación con otros participantes más sanos. El razonamiento motivado puede incluso influir en lo que una persona ve físicamente: los sujetos en un estudio de 2006 tenían más probabilidades de interpretar un símbolo ambiguo en una pantalla como una letra en lugar de un número cuando se les daba un incentivo por adelantado para hacerlo.

En el libro de Haidt «La mente recta: por qué la gente está dividida por la política y la religión», se resume por qué el razonamiento motivado puede causar un dolor de cabeza a los científicos en particular: «ahora que todos tenemos acceso a los motores de búsqueda en nuestros teléfonos móviles, podemos llamar a un equipo de científicos de apoyo para casi cualquier conclusión las veinticuatro horas del día. Sea lo que sea que desee creer acerca de las causas del calentamiento global o si un feto puede sentir dolor, solo busque en Google su creencia … La ciencia es una mezcla heterogénea y Google le guiará hacia el estudio que sea adecuado para usted».

Ah, ¿y crees que eres demasiado inteligente para involucrarte en un razonamiento motivado? Piensa otra vez. «Irónicamente, las personas inteligentes son las mejores en eso», dijo Novella. «Si estás mejor educado, tienes algún conocimiento de ciencia y algo de pensamiento crítico, eso solo alimenta tu razonamiento motivado».


[Libro] Hijos y soldados (Bruce Henderson)

Esta es la historia de los Ritchie Boys, un grupo de unos dos mil jóvenes judíos alemanes que se habían refugiado en los Estados Unidos huyendo de las persecuciones nazis, a los que el ejército norteamericano entrenó en las tareas de interrogación de prisioneros de guerra y de recogida de información. Divididos en pequeños grupos de élite, se incorporaron a todas las unidades de combate norteamericanas: participaron en el desembarco en Normandía, avanzaron con Patton por Francia, participaron en la batalla de las Ardenas y descubrieron en el campo de Buchenwald todo el horror del Holocausto. Bruce Henderson se ha valido de los recuerdos personales de los supervivientes para seguir la historia de un grupo de estos hombres desde su huida de Alemania, a lo largo de toda la guerra y en sus intentos por descubrir la suerte que habían corrido sus familias.

Me ha parecido un libro interesante porque trata sobre algo bastante desconocido, como la existencia de este grupo de élite.

Todo lo que hicieron los nazis pone los pelos de punta por su extrema crueldad. Pero leyendo la historia de estos hombres que protagonizan el libro, los cuales tuvieron que ser enviados solos a otros países siendo apenas unos niños para que salvaran la vida, una no puede dejar de imaginar aunque sea por un segundo, lo que debió suponer para esos padres enviar a sus hijos a miles de kilómetros, y lo que debieron sentir esos niños al verse solos en un mundo desconocido sin saber si algún día volvería a reunirse la familia. La mayoría de ellos, por desgracia, no volvieron a ver a sus padres nunca.

El libro, aunque no es una novela, está narrado de forma amena y se hace interesante. Vale la pena leerlo.


Formas de morir en la Edad Media

Vivir en la Edad Media no era fácil y perder la vida siendo joven era algo muy común.

Antes de que existieran las vacunas, antibióticos o siquiera el uso de medidas mínimas de higiene, cualquier enfermedad que hoy sería perfectamente tratable, como las infecciones más comunes, en la Edad Media podía ser una sentencia de muerte. Incluso una herida superficial podía matarte si se infectaba, no eran pocos los que perdían miembros o la vida producto de la gangrena.

La muerte de la madre durante el parto era muy común, ya que no solo se carecía de las medidas mínimas de higiene, sino que tampoco habían cuidados prenatales. Una de las causas más comunes era la llamada fiebre puerperal, una infección de los órganos reproductivos que casi siempre culminaba en la muerte. Eso sí, era un fallecimiento democrático, no importaba la clase social ni cuantas riquezas se habían acumulado, todas podían fallecer en el parto.

Si bien las enfermedades infecciosas eran causa común de muerte en la Edad Media, hubo una que marcó récords. Se trataba de la llamada peste negra, que se estima provocó la muerte de entre un tercio y la mitad de los habitantes de Europa durante el medievo. Sistemas inmunológicos considerablemente débiles, mala higiene y una bacteria altamente contagiosa, fueron de gran ayuda para la pandemia más grande de la historia.

En la Edad Media se desarrollaron las llamadas Cruzadas, intentos por recuperar los lugares considerados santos por la Iglesia Católica y que habían caído en manos de los musulmanes. Miles y miles de caballeros emprendieron camino a recuperar estos sitios, asesinando de paso a los musulmanes que se encontraban en el camino, abusando de mujeres y exterminando diversas culturas.

Si bien los suicidios masivos se han dado en distintos momentos de la historia, el que ocurrió el 25 de febrero de 1336 fue un caso aparte. Cuatro mil personas que estaban defendiendo el Castillo Pilenai, en Lituania, se vieron rodeados y superados por sus enemigos. Antes de ser capturados y convertidos en esclavos, prendieron fuego al castillo para destruirlo y luego suicidarse en grupo.

Visto aquí.


La sirena

Westerschouwen fue en tiempos pasados un gran puerto pesquero. Sus naves atravesaban en todas direcciones el mar del Norte y traían ricos cargamentos de pescado. Esto hizo que sus habitantes se volvieran tan soberbios por su gran conocimiento del mar, que frecuentemente solían decir: «Nosotros somos los dueños del mar. ¿En qué parte del mundo se puede encontrar unos pescadores como los de Westerschouwen?»

Un día que un grupo de estos pescadores estaba en sus botes, mar adentro, al sacar las redes encontraron en ellas una hermosa sirena.

– ¡Oh, dejadme escapar, buena gente! – suplicó.

Pero los pescadores, insensibles a los ruegos de la sirena, la metieron en la barca, para llevarla a tierra y enseñarla a la gente de su pueblo. En el camino se fueron burlando de ella despiadadamente.

– ¡Por favor – repetía la sirena -, dejadme marchar, que yo sabré recompensaros!

Pero por toda respuesta los pescadores reían estrepitosamente de sus ofrecimientos. Entonces una voz desgarradora se dejó oír desde lo profundo del mar.

– ¡Es el tritón! – exclamaron los pescadores, con una risa burlona -. Miradle: allí está flotando, con su pequeño en brazos.

Efectivamente, el tritón surgía del agua con su cabellera verde, como las olas, y con el rostro cobrizo. En brazos llevaba a su hijito. Al verlos, la sirena extendió sus brazos amorosamente hacia ellos.

– ¡Devolvédmela! – gritó el tritón, llorando -. ¡Éramos tan felices con nuestro pequeño! ¿Qué vais a hacer con ella? ¡Morirá en cuanto toque tierra!

Pero los pescadores, sin contestarle, siguieron navegando hacia el puerto.
Una y otra vez el tritón aparecía sobre el agua, mirando con pena a su querida esposa, mientras ella, con los ojos llenos de lágrimas, trataba de contemplarlo a través de la red.

Cuando llegaron a la playa, los pescadores saltaron a tierra. Los esperaban sus mujeres e hijos, con gran alborozo. Entonces, sacando la red, la exhibieron ante todos, para que contemplaran a la sirena, mientras el tritón, en la orilla, extendiendo sus brazos con desesperación, nadaba, gritando:

– ¡Escuchadme, pescadores! Nosotros vivimos en el fondo del mar, en una casita hecha de conchas blancas, azules y doradas, que la sirena y yo hemos ido recogiendo amorosamente. Tenemos un hijito que es nuestra alegría. ¿Vais a permitir que ella muera en tierra? ¡Tened piedad!

Pero los hombres y las mujeres gritaban alegremente, sin hacerle ningún caso, mientras arrastraban a la sirena, encerrada en la red, hasta el faro próximo, donde la abandonaron. Al poco tiempo, la pobre sirena murió.El tritón, loco de desesperación, trataba de acercarse todo lo que podía al faro, vigilando a su querida esposa, mientras los pescadores se burlaban de él, diciendo:

– ¿En qué puedes tú dañarnos? No posees espadas, ni flechas, ni nada con que hacernos mal.

El tritón no comprendía sus gritos y la dureza de sus corazones; pero tenía el suyo lleno de odio, dolor y venganza. De pronto empezó a hundirse, y de nuevo salía a la superficie transportando algas y arena. Con ellas fue rellenando los fondos de la orilla del mar, y en pocas horas las vías de salida de los barcos del puerto quedaron completamente obstruidas.
Entonces, el tritón, nadando lentamente, se alejó con su niño hacia su casita de conchas azules, blancas y doradas, y nunca más volvió a Westerschouwen.

La arena y las algas, lenta y silenciosamente, iban siendo arrojadas a la playa por la marea, llegando a bloquear el puerto y encallando las embarcaciones que se hallaban en él.
Poco después, las tempestades v el viento empujaban la arena hasta cubrir las casas y las calles de Westerschouwen. Hasta que al fin tan imposible se hizo allí la vida, que los orgullosos pescadores tuvieron que abandonar la ciudad.

Sin embargo, la arena no invadió el faro, donde la sirena había muerto, y las olas, que tenían el color del pelo del tritón, siguieron meciendo dulcemente aquellos lugares.

(Leyenda holandesa)


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