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El ‘Hijo del Krakatoa’

El Anak Krakatoa, en su salsa

Esta noche el Anak Krakatoa (Hijo del Krakatoa en idioma indonesio) ha despertado. Y lo ha hecho llevándose por delante 222 vidas (de momento) y dejando más de 800 heridos, por el tsunami provocado.

Parece que ya se ha convertido en costumbre que pasen estas cosas en Indonesia; cuando no es un terremoto es un tsunami o un volcán, o todo junto.

Lo que no se entiende es que estando donde están, que es una zona volcánica y con mucha actividad sísmica, las autoridades indonesias no tengan el tema controlado. Esta vez la excusa es que como no hubo terremoto previo, el tsunami llegó de repente y nadie lo esperaba. Sí, pero es que es que tenéis un volcán que lleva seis meses escupiendo fuego delante de vuestras narices, esto tenía que ocurrir más pronto que tarde.

Está claro que esas playas hay que disfrutarlas y que hay que atraer al turismo para dar ingresos a la zona. Pero también se podría controlar el aforo de esas playas, de forma que nunca haya una cantidad excesiva de gente y vigilar los volcanes para que, a la mínima señal de movimiento, se pueda evacuar con rapidez y seguridad. No sé, tener algún plan para cuando la Tierra se agite, que por ahí ocurre muy a menudo.

El legendario volcán Krakatoa entró en erupción en agosto de 1883. Expulsó cenizas a más de 20 kilómetros de altura en una serie de explosiones muy potentes que llegaron a escucharse en Australia. Debido a la gran cantidad de cenizas que lanzó al aire, la región quedó a oscuras durante dos días. El tsunami causado por aquella erupción mató a más de 36.000 personas.
El Anak Krakatoa se formó alrededor de 1928 en la caldera del Krakatoa, convirtiéndose en una pequeña isla volcánica. Y esta noche ha vuelto a despertar.


El puente marino más largo del mundo

Ya tenemos el puente más largo del mundo. Está en China y fue inaugurado ayer. Estaba planeado desde principios de los 80 y se ha finalizado con dos años de retraso. Mide 55 kilómetros y une Hong Kong y Macao con la provincia de Guangdong.

El puente es una obra mayúscula de ingeniería civil. Ha requerido construir dos islas artificiales y un túnel subacuático para salvar las rutas de comercio naval. Sus 400.000 toneladas de acero quintuplican las del icónico Golden Gate de San Francisco y sus suaves curvas sugieren una serpiente. También ha exigido una seguridad reforzada contra la agresiva meteorología del Delta del Río de la Perla. La construcción soportará tifones con vientos de 350 kilómetros hora, además de terremotos de ocho grados y embestidas de cargueros de 300.000 toneladas. Y cuenta con la última tecnología para la seguridad vial. Incorpora cámaras de “detección de bostezos” que emitirán una alerta si se acumulan tres en veinte segundos y se monitorizará la presión sanguínea y los latidos del corazón de los conductores.

Durante su construcción una veintena de trabajadores han muerto y 275 han resultado heridos. La justicia ha multado a seis subcontratas por vulnerar la legislación de seguridad laboral.

También hay protestas de grupos ecologistas por el daño que se ha hecho al hábitat marino. El más perjudicado ha sido el delfín blanco chino, que por culpa de las obras ha visto menguada su población de 80 a 47 ejemplares en los últimos cinco años.

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