Cuentos y leyendas

Los enanitos del alfiletero

Los Galtxagorris son unos enanos fabulosos, poseedores de descomunal fuerza y capaces de realizar los más insólitos trabajos para los hombres en un brevísimo espacio de tiempo.

Son de color rojo, de ahí viene su nombre galtxagorri o prakagorri -el del calzón rojo-.

Son tan diminutos, que en un alfiletero cabe toda una comunidad de ellos.

Cuenta la leyenda que en Kortezubi un hombre compró los galtxagorris, con finalidad de hacerlos trabajar.

Los guardó dentro de un alfiletero. Les ordenaba hacer un trabajo y terminaban al instante y pedían realizar otro. E igualmente concluían al momento. Así, volvían a pedir trabajo y del mismo modo lo concluían con presteza.

El hombre, alarmado, empezó a temer un peligro si no se le ocurría qué faena otorgarles. Así, como solución les ordenó traer agua en un cedazo. Naturalmente no pudieron realizar el trabajo, pues era imposible.

Los geniecillos desaparecieron entonces y el hombre recobró su tranquilidad.

(Leyenda vasca)

Los niños verdes de Banjos

En agosto de 1887, cerca de una población llamada Banjos (Barcelona), unos campesinos vieron salir de una gruta a dos niños, un varón y una mujer.

Sus vestidos eran de un material desconocido por ellos y su piel presentaba un color verde como las hojas de los árboles. Los niños hablaban un idioma desconocido. Al parecer, especialistas que llegaron desde Barcelona intentaron si éxito identificar de qué idioma se trataba.

Fueron entregados en custodia a un juez local llamado Ricardo de Calno. Los sirvientes de este juez trataron en vano de quitarles el color verde pensando que era un maquillaje, pero cejaron en su intento después de darse cuenta de que era la verdadera pigmentación de su piel.

Sus rasgos faciales presentaban un claro aspecto negroide con la diferencia de unos ojos rasgados tipo asiático. Por espacio de unos días les fueron presentados multitud de alimentos negándose a comer, excepto cuando les llevaron judías verdes que las tomaron de buen grado.

El niño falleció poco después, se supone que muy debilitado. La chica sobrevivió durante algunos años trabajando como sirvienta en casa del juez. El color de su piel se fue transformando en un tono mas claro hasta casi adquirir el color de la raza blanca. Con el tiempo aprendió un poco de español y fue capaz de describir el país de donde venia y cómo habían llegado al nuestro.

Dijo que llegaron de un país subterráneo donde no había sol, y vivían en un atardecer constante.

Los niños carecían de páncreas y solo tenían un pulmón. La piel estaba compuesta de fibras desconocidas por la ciencia de la época.

Según contaron, la iluminación de su mundo era mediante unas bolas solares que permitían crecer a las plantas. El país de donde procedían estaba separado del nuestro por un gran río muy caudaloso, se produjo un maremoto que inundo su país y los niños escaparon por una gruta que se encontraba cerca del gran río saliendo así a nuestro mundo.

(Nota: No existe en toda España ningún pueblo llamado Banjos. Al parecer, esta leyenda es prácticamente idéntica a otra que sitúa estos hechos en el condado de Suffolk, Gran Bretaña. En este caso, el juez en lugar de llamarse Ricardo de Calno se llama Richard de Calne).

El druida Abriarix

Cuenta la leyenda que existió un druida llamado Abriarix, el cual formó su propio ejército con el fin de unificar a las tribus Celtas de la región de Galia, para invadir la Isla de Bretaña, luego Germania y así formar un solo imperio Celta bajo su mando.

En un principio ganó una gran adhesión por parte de algunas tribus, sin embargo, no pasó mucho tiempo hasta que se hizo famoso por la crueldad con que trataba tanto a enemigos como aliados; su falta de respeto por los rituales ancestrales, como no devolver a la tierra los favores solicitados en el combate, y hasta valerse muchas veces de las fiestas religiosas para atacar a las demás tribus mientras los guerreros estaban celebrando y bebiendo.

El equilibrio estaba roto y el Gran Consejo de Druidas se reunió para analizar la situación.

De todo el territorio galo llegaron miembros al escuchar “el llamado del viento”.

Abriarix se negó a asistir y renegó de la autoridad del Consejo.

Se decidió enviar entonces a una delegación a dialogar con él y exigirle que la armonía fuera restaurada.

A las dos semanas volvió el más joven de los enviados con un mensaje de Abriarix.

Su lengua había sido cortada, sus ojos vaciados y sus oídos quemados.

Pudo llegar gracias a su hermoso perro labrador.

En su morral traía las cabezas de los otros dos emisarios, ambos aún se encontraban con las facciones contraídas por el dolor.

Habían sido ejecutados sin ningún tipo de sedante, sus almas vagarían presas del dolor por la eternidad.

Semejante sacrilegio no podía ser tolerado.

Se necesitaba un héroe, alguien con la fuerza suficiente como para derrotar a la guardia del renegado y poder darle muerte.

Sólo existía un hombre capaz de tal proeza,

Bretengetorix, el más joven de los jefes de tribus, nunca vencido en combate singular, iniciado en las artes druídicas hasta que una visión en sueños le dijo que su destino era ser el Jefe de la Tribu.

Rápido como el lobo, astuto como la comadreja, sabio como el búho, fuerte como el oso y noble como el águila, nadie más podría vencer a Abriarix si lo retaba a duelo, el cual estaba obligado a aceptar según las leyes, ya que de no hacerlo, corría el riesgo de perder el respeto de sus hombres.

Lamentablemente los que lo habían retado antes habían caído en los trucos y trampas de Abriarix, trucos que Bretengetorix conocía muy bien gracias a sus primeros años de estudio.

Sin embargo el cuervo, que había sido enviado a espiar al Consejo, fue más rápido que el viento y le informó de los planes a Abriarix.

Esa misma noche, y por la traición de uno de los guardias, Bretengetorix fue drogado y tomado prisionero, no sin antes enviar a diez de sus captores al encuentro con los dioses.

Necesitaron la dosis de droga usada para igual cantidad de hombres antes de que las fuerzas abandonaran al valiente guerrero.

La noticia se difundió rápidamente.

El gran Bretengetorix estaba prisionero en las mazmorras de la ciudad de Courdon, donde había sido desangrado hasta perder el conocimiento, y así se le dejaría como muestra de que ningún poder humano podía oponerse a Abriarix.

El consejo no sabía qué hacer.

Los signos eran inequívocos, si el equilibrio no era repuesto pronto, grandes males caerían sobre las tribus.

Mientras tanto en Audencia, la prometida de Bretengetorix, Fandala, que era aprendiz de druida, le pedía a todos los animales que le llevaran su aliento a Bretengetorix, pero ninguno se atrevía a acercarse siquiera a la fortaleza de Courdon.

Las serpientes rodeaban el muro exterior y los cuervos ensombrecían el cielo de la ciudad, hasta se rumoreaba que criaturas “del otro lado” custodiaban el lugar.

O boy bruon (El buey mugidor)

En una laguna que hay en Reiris, la de Carregal, se pueden oir los bramidos que da un buey que parece estar sumergido en las aguas.

En tiempos muy remotos había por allí un palacio real y a su alrededor las casas de los siervos. El rey tenía una hija querida por todos. Un invierno llegó al lugar un “mouro” anciano aterido por el frío. La hija del rey se apiadó de él y le dejó entrar a palacio a comer y calentarse. El moro se enamoró de la rapaza y la pidió en matrimonio pero el rey se negó por ser mago e infiel además de viejo y la princesa no quiso saber nada del asunto. El moro se enfadó y se marchó amenazante…

En el mismo momento empezó a temblar la tierra y todo el mundo quedó aterrado. Las casas se derrumbaban y las fuentes se desbordaban anegando el terreno. El rey, su hija y sus súbditos cuando huían, vieron al moro que desde lo alto de un peñasco contemplaba la ruina que había provocado mientras se reía cruelmente. El rey arremetió lanza en ristre contra él. Al verlo, intentó huir pero como no era joven, no podía correr y entonces se transformó en un enorme toro. Aun así el rey le iba dando caza y obligando a que se internara en el pueblo medio anegado.

Mientras, la princesa arrojaba sus joyas al agua mientras suplicaba a las buenas hadas:

“¡Ayuda os pido! ¡Que ese moro traidor y malvado no salga jamás de las ruinas y las aguas que causó con su maldad y que pene para siempre en el fondo del lago!”

El moro intentaba escapar pero no podía salir de las aguas y cada vez se hundía más hasta que desapareció entre ellas. Los habitantes del lugar se asentaron en los alrededores y aún dicen que de las aguas del lago se oye el bramido del toro en algunas ocasiones.

(Leyenda gallega)

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