Cuentos y leyendas

Dice una antigua leyenda vikinga, que el rey Frodi, de Dinamarca, recibió en una ocasión de Hengi-kiaptr el regalo de dos piedras de molino mágicas, llamadas Grotti, que eran tan pesadas que ninguno de sus sirvientes ni sus guerreros más fuertes podían darles la vuelta.

Durante una visita a Suecia vio y compró como esclavas a las dos gigantas Menia y Fenia, cuyos poderosos músculos y cuerpos habían llamado su atención. De regreso a casa ordenó a sus dos nuevas sirvientas que molieran oro, paz y prosperidad. Las mujeres trabajaron alegremente hasta que los cofres del rey rebosaban oro y la paz y la prosperidad abundaban en sus dominios. Pero el rey, en su avaricia, ni siquiera permitía a sus sirvientas descansar, por lo que estas se vengaron moliendo una guerra y provocando la muerte del rey a manos de los vikingos.

El rey vikingo Mysinger tomó las dos piedras y a las sirvientas y las embarcó en su nave, ordenando a las sirvientas que molieran sal, que era un producto muy valorado en aquel tiempo. Pero el rey vikingo se volvió tan avaricioso como el rey Frodi, no dejando descansar a las mujeres, por lo que, como castigo, tal fue la cantidad de sal que molieron que al final su peso hundió el barco. A consecuencia de esta gran cantidad de sal, el mar se volvió salino.

Cuenta la leyenda que dos sirenas fueron nadando desde el Océano Atlántico hasta el Mar Báltico. Una de ellas atraída por unas rocas se acercó al puerto de Copenhague y allí se quedó. La otra sirena continuó nadando por el Mar Báltico hasta llegar al golfo de Gdansk desde allí continuó nadando por el río Vístula. El río la condujo a la ciudad vieja de lo que ahora es el centro de Varsovia y allí decidió quedarse.
Los pescadores de la zona ponto empezaron a notar como alguien andaba enredando las redes y liberando los peces. Los pescadores sorprendidos por su canto, no le hicieron daño. Un rico mercader pensando en el dinero que podría sacar con el canto de la sirena la secuestró un día, pero el hijo de un pescador fue a su rescate, la liberó y la trajo de vuelta a la ciudad.
La sirena agradecida, prometió que siempre defendería la ciudad y por eso aparece en el escudo de la ciudad la sirena con un escudo y una espada.


Hace muchísimo tiempo, en una zona apartada de todo vivía un hombre llamado Huargo. Este hombre era una persona muy retraída, poco social, un ermitaño al que le gustaba la soledad. Un día, una joven muy bella apareció en la entrada de la cueva donde él vivía. “Buenas noches señor, ¿podría darme de cenar que estoy hambrienta y débil?” Y cuando el hombre iba a negarse, la joven cayó desplomada en el suelo a causa del agotamiento y la falta de alimento.
Huargo la alzó en brazos y la llevó a un montón de paja con pieles que él utilizaba como cama. La chica estuvo unas semanas inconsciente, y Huargo velaba por ella y la alimentaba a base de leche y unas hierbas medicinales. Cuando la chica despertó, le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella. Ahí empezó su amistad, estaban en la estación donde la luna no se veía por esas tierras y por lo tanto las lluvias escaseaban y los cultivos peligraban. La joven se quedó en la cueva con Huargo.
Unos meses más tarde, un día la chica desapareció sin avisar y sin decir nada. El hombre, triste, fue en su busca y, tras muchos años viviendo como un animal y comiendo como un animal, poco a poco iba perdiendo su humanidad, hasta que se convirtió en un lobo muy grande. Y cuando eso pasó apareció otra vez la joven y el hombre volvió a ser humano.
La chica le contó que en realidad ella era la luna y que solo la podría ver cada 50 años. Huargo recibió el don de la inmortalidad a cambio de su humanidad, y solo una noche cada 50 años volvería a ser humano y la luna bajaría en su forma humana para estar con él.
En cada noche que pasaban juntos un lobo nacía, de ahí la raza de los lobos huargos, lobos de un tamaño muy superior y con más inteligencia que los lobos comunes. Huargo cada noche aullaba a su amada porque el día que le contó la verdad, él prometió que cada noche le aullaría y que cada aullido seria un te quiero para ella.


Hoy en Cataluña celebramos Sant Jordi, para nosotros no es solo el día del libro. También nos regalamos rosas y nos hacemos arrumacos.
Este es el aspecto que tenía el centro de Barcelona esta mañana. Al caer en domingo era imposible dar un paso.

Imposible acercarse a los puestos de libros y rosas.
Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, un dragón terrible atemorizaba a los habitantes de un pueblecito de Cataluña llamado Montblanc. El dragón causaba estragos en la población y devoraba a los animales de pasto de la aldea.
Para calmar la ira del dragón, los habitantes decidieron que cada día sacrificarían a una persona, escogida por sorteo, y se la ofrecerían como señal de buena voluntad.
Pero un día le tocó a la hija del rey ser el sacrificio. Cuando el dragón la iba a devorar, apareció un hermoso caballero para enfrentarse a la bestia. Era Sant Jordi, que le clavó su lanza, y de la sangre del dragón surgió un rosal de rosas rojas.


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