Cuentos y leyendas

La niebla

Cuenta la leyenda que existían en la tierra dos razas, los inuits y los tuniq. Estos tuniqs eran mucho más grandes que los inuits, como gigantes, pero a su vez eran muy muy tontos.

Un día, un cazador fue a pescar pero no consiguió nada en todo el día. El cazador miró en todas direcciones, pero no vio ninguna presa. Finalmente, vio a un hombre en la lejanía, y a medida que se acercaba a él, la figura se volvía más grande; se trataba de un tuniq. Viendo al gigante, el cazador comprendió que su vida estaba en peligro, y para evitar una muerte segura, el cazador se tumbó en el suelo y se hizo el muerto.

El gigante alcanzó pronto al cazador y pensando que estaba muerto lo cogió para comérselo. como eran muy tontos no se aseguró de si estaba muerto y como no tenía hambre en ese momento y el inuit estaba muerto pensó que lo mejor era llevárselo a casa.

A lo largo del camino, a medida que el gigante andaba de vuelta a casa, el inteligente cazador iba sujetando y agarrando piedras, de manera que, sin darse cuenta, el gigante estaba arrastrando una gran cantidad de peso y, cuando llegó a su casa, estaba exhausto. Como el inuit pesaba mucho lo dejó en el suelo de su casa y se echó una siesta, al fin y al cabo el inuit estaba muerto y no podía escapar, podía comérselo cuando se levantara de la siesta.

El gigante se quedó dormido y el cazador se levantó y comenzó a huir siguiendo sus propios pasos hacia atrás. Pero la esposa del gigante, que estaba juntando madera para cocinar al cazador, lo vio intentando escapar y comenzó a perseguirlo.

El inuit se encontró con un río y como era pequeño y ágil caminó hacia atrás tomó impulso y de un salto a travesó el río. La esposa del gigante se detuvo al ver aquel río ante ella y entonces miró al inuit y le preguntó: “¿Cómo pudiste atravesar este río?”.
El cazador inuit respondió: “Me bebí el agua y luego cuando crucé devolví el agua a su lugar”.

Así la mujer del gigante comenzó a beber y beber más agua. Cuanto más bebía, más se hinchaba y más crecía, pero ella seguía bebiendo agua, porque el río no se agotaba. Bebió y bebió hasta que explotó con toda el agua dentro. Con el viento las gotitas de agua fueron esparcidas por el aire y así es cómo se formó la niebla.

(http://tierra-leyendas.blogspot.com/2012/11/la-niebla.html)

Leyenda del mar salino

Dice una antigua leyenda vikinga, que el rey Frodi, de Dinamarca, recibió en una ocasión de Hengi-kiaptr el regalo de dos piedras de molino mágicas, llamadas Grotti, que eran tan pesadas que ninguno de sus sirvientes ni sus guerreros más fuertes podían darles la vuelta.

Durante una visita a Suecia vio y compró como esclavas a las dos gigantas Menia y Fenia, cuyos poderosos músculos y cuerpos habían llamado su atención. De regreso a casa ordenó a sus dos nuevas sirvientas que molieran oro, paz y prosperidad. Las mujeres trabajaron alegremente hasta que los cofres del rey rebosaban oro y la paz y la prosperidad abundaban en sus dominios. Pero el rey, en su avaricia, ni siquiera permitía a sus sirvientas descansar, por lo que estas se vengaron moliendo una guerra y provocando la muerte del rey a manos de los vikingos.

El rey vikingo Mysinger tomó las dos piedras y a las sirvientas y las embarcó en su nave, ordenando a las sirvientas que molieran sal, que era un producto muy valorado en aquel tiempo. Pero el rey vikingo se volvió tan avaricioso como el rey Frodi, no dejando descansar a las mujeres, por lo que, como castigo, tal fue la cantidad de sal que molieron que al final su peso hundió el barco. A consecuencia de esta gran cantidad de sal, el mar se volvió salino.

La sirena de Varsovia

Cuenta la leyenda que dos sirenas fueron nadando desde el Océano Atlántico hasta el Mar Báltico. Una de ellas atraída por unas rocas se acercó al puerto de Copenhague y allí se quedó. La otra sirena continuó nadando por el Mar Báltico hasta llegar al golfo de Gdansk desde allí continuó nadando por el río Vístula. El río la condujo a la ciudad vieja de lo que ahora es el centro de Varsovia y allí decidió quedarse.
Los pescadores de la zona ponto empezaron a notar como alguien andaba enredando las redes y liberando los peces. Los pescadores sorprendidos por su canto, no le hicieron daño. Un rico mercader pensando en el dinero que podría sacar con el canto de la sirena la secuestró un día, pero el hijo de un pescador fue a su rescate, la liberó y la trajo de vuelta a la ciudad.
La sirena agradecida, prometió que siempre defendería la ciudad y por eso aparece en el escudo de la ciudad la sirena con un escudo y una espada.


El lobo y la luna

Hace muchísimo tiempo, en una zona apartada de todo vivía un hombre llamado Huargo. Este hombre era una persona muy retraída, poco social, un ermitaño al que le gustaba la soledad. Un día, una joven muy bella apareció en la entrada de la cueva donde él vivía. “Buenas noches señor, ¿podría darme de cenar que estoy hambrienta y débil?” Y cuando el hombre iba a negarse, la joven cayó desplomada en el suelo a causa del agotamiento y la falta de alimento.
Huargo la alzó en brazos y la llevó a un montón de paja con pieles que él utilizaba como cama. La chica estuvo unas semanas inconsciente, y Huargo velaba por ella y la alimentaba a base de leche y unas hierbas medicinales. Cuando la chica despertó, le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella. Ahí empezó su amistad, estaban en la estación donde la luna no se veía por esas tierras y por lo tanto las lluvias escaseaban y los cultivos peligraban. La joven se quedó en la cueva con Huargo.
Unos meses más tarde, un día la chica desapareció sin avisar y sin decir nada. El hombre, triste, fue en su busca y, tras muchos años viviendo como un animal y comiendo como un animal, poco a poco iba perdiendo su humanidad, hasta que se convirtió en un lobo muy grande. Y cuando eso pasó apareció otra vez la joven y el hombre volvió a ser humano.
La chica le contó que en realidad ella era la luna y que solo la podría ver cada 50 años. Huargo recibió el don de la inmortalidad a cambio de su humanidad, y solo una noche cada 50 años volvería a ser humano y la luna bajaría en su forma humana para estar con él.
En cada noche que pasaban juntos un lobo nacía, de ahí la raza de los lobos huargos, lobos de un tamaño muy superior y con más inteligencia que los lobos comunes. Huargo cada noche aullaba a su amada porque el día que le contó la verdad, él prometió que cada noche le aullaría y que cada aullido seria un te quiero para ella.


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