Cuentos y leyendas

El lobo y la luna

Hace muchísimo tiempo, en una zona apartada de todo vivía un hombre llamado Huargo. Este hombre era una persona muy retraída, poco social, un ermitaño al que le gustaba la soledad. Un día, una joven muy bella apareció en la entrada de la cueva donde él vivía. “Buenas noches señor, ¿podría darme de cenar que estoy hambrienta y débil?” Y cuando el hombre iba a negarse, la joven cayó desplomada en el suelo a causa del agotamiento y la falta de alimento.
Huargo la alzó en brazos y la llevó a un montón de paja con pieles que él utilizaba como cama. La chica estuvo unas semanas inconsciente, y Huargo velaba por ella y la alimentaba a base de leche y unas hierbas medicinales. Cuando la chica despertó, le dio las gracias por todo lo que había hecho por ella. Ahí empezó su amistad, estaban en la estación donde la luna no se veía por esas tierras y por lo tanto las lluvias escaseaban y los cultivos peligraban. La joven se quedó en la cueva con Huargo.
Unos meses más tarde, un día la chica desapareció sin avisar y sin decir nada. El hombre, triste, fue en su busca y, tras muchos años viviendo como un animal y comiendo como un animal, poco a poco iba perdiendo su humanidad, hasta que se convirtió en un lobo muy grande. Y cuando eso pasó apareció otra vez la joven y el hombre volvió a ser humano.
La chica le contó que en realidad ella era la luna y que solo la podría ver cada 50 años. Huargo recibió el don de la inmortalidad a cambio de su humanidad, y solo una noche cada 50 años volvería a ser humano y la luna bajaría en su forma humana para estar con él.
En cada noche que pasaban juntos un lobo nacía, de ahí la raza de los lobos huargos, lobos de un tamaño muy superior y con más inteligencia que los lobos comunes. Huargo cada noche aullaba a su amada porque el día que le contó la verdad, él prometió que cada noche le aullaría y que cada aullido seria un te quiero para ella.


Diada de Sant Jordi

Hoy en Cataluña celebramos Sant Jordi, para nosotros no es solo el día del libro. También nos regalamos rosas y nos hacemos arrumacos.
Este es el aspecto que tenía el centro de Barcelona esta mañana. Al caer en domingo era imposible dar un paso.

Imposible acercarse a los puestos de libros y rosas.
Cuenta la leyenda que hace mucho tiempo, un dragón terrible atemorizaba a los habitantes de un pueblecito de Cataluña llamado Montblanc. El dragón causaba estragos en la población y devoraba a los animales de pasto de la aldea.
Para calmar la ira del dragón, los habitantes decidieron que cada día sacrificarían a una persona, escogida por sorteo, y se la ofrecerían como señal de buena voluntad.
Pero un día le tocó a la hija del rey ser el sacrificio. Cuando el dragón la iba a devorar, apareció un hermoso caballero para enfrentarse a la bestia. Era Sant Jordi, que le clavó su lanza, y de la sangre del dragón surgió un rosal de rosas rojas.


La bella durmiente: su verdadera historia

Todos nos sabemos más o menos el cuento de La bella durmiente, aquella moza que se pinchó con una rueca y se quedó frita. Luego llegó el príncipe azul y se la llevó al huerto y bla bla bla. Pero a veces los chicos de Disney distorsionan los cuentos para que queden bien en las pelis y, tal como nos explican en Avance intermitente, la historia fue ligeramente distinta.
La película está basada en un cuento mucho más tétrico y oscuro escrito a principios del siglo XVII. En esta versión la princesa también recibe un maleficio durante su bautizo. Varios años después también se pincha con una rueca, clavándose una astilla en un dedo y cayendo al suelo sumida en un eterno sueño. El rey, totalmente afligido, sentó el cuerpo de su hija en una silla, echó a todo el mundo del palacio y cerró la puerta, retirándose para siempre se lamentaba por lo sucedido. Un tiempo después, un joven rey que estaba de cacería pasó cerca del castillo abandonado y uno de sus halcones entro por una ventana, no volviendo a salir. Por lo que el valiente rey se adentró en el palacio hurgando en todas las habitaciones en busca del halcón. En su búsqueda encontró el cuerpo aletargado de la princesa en una de las habitaciones. Cuenta la leyenda que la joven era tan bella que el apuesto rey no pudo contener sus impulsos y tuvo relaciones sexuales con ella, dejándola embarazada. Nueve meses más tarde, la princesa daría a luz a dos hermanos mellizos, un niño y una niña, los cuales estuvieron varios meses alimentándose del pecho de su madre.
Los bebés siguieron creciendo hasta que un día, uno de los mellizos, en un vano intento por llevarse algo con sustancia a la boca, se metió el dedo en el que la madre se había herido, chupando tan fuerte que logró sacar la astilla clavada, por lo que la joven princesa despertó al fin de su largo sueño y encima con dos niños casi criados. Por si fuera poco, el joven rey, el cual no había podido olvidar la belleza de la princesa, se presentó en el castillo encontrando a la princesa despierta y con los dos niños. Después de una larga explicación ambos vivieron felices y comieron perdices durante un par días, hasta que el rey recordó que le había dicho a su esposa, la reina, que iba a dar un paseo. Avergonzado por lo sucedido, abandonó a la princesa y volvió a su castillo con la reina, la cual se enteró de todo porque el rey hablaba en sueños. Al día siguiente la reina hizo apresar a los niños y los mandó degollar y cocinar para ofrecérselos al rey con patatitas y cebolla. El rey no se dio cuenta de lo que había comido hasta que la reina se lo contó justo antes del postre.
No contenta con eso, capturó a la princesa para quemarla en la hoguera acusada de brujería, pues había engañado con artimañas mágicas a su inocente marido. Cuenta la historia que esto sucedió en pleno febrero, con un fresquito más que evidente, por lo que la reina se acercó a las llamas donde iba a ser quemada la princesa para calentarse un poco, momento que aprovechó el rey para darle un empujón y acabar con ella, siendo libre para casarse con la bella durmiente y pasar con ella el resto de su vida. FIN.
Digo yo que así el cuento tiene más sustancia.


El trasno

Los trasnos son un tipo de duende nocturno perteneciente a la mitología gallega. Son seres traviesos que durante las noches, cuando todos los miembros de la familia se han acostado, se dedican a revolver todos los utensilios de cocina y a esconder cosas. Se les describe de tantas formas como nombres reciben. Suele describirse como un hombre pequeño, vestido con sotana y cuernos, con barba larga y gorro rojo. Una de sus peculiaridades, e importante para “acabar” con ellos y sus travesuras, es que tienen un agujero en su mano izquierda. También se les describe con piernas de cabra, con rabo y un solo cuerno o con forma de oveja, de carnero o incluso de cerdo. Esta última descripción acerca a los trasnos a los sátiros de la mitología clásica. De hecho, de todos los duendes que hay en Galicia, se recogen historias que los describen con patas de cabra.
En las antiguas creencias de Galicia, al trasno se lo describía como un espíritu nocturno o un demonio menor que solía vivir en las herrerías y en las fraguas, pero sobre todo en las casas; hasta el punto de que cuando una familia se mudaba, éste se escondía entre sus pertenencias y se iba con ellos.
Para saber que tenemos un trasno en casa basta con observar a los animales que tengamos, si se ponen nerviosos o se asustan sin razón. El truco más eficaz contra los trasnos consiste en dejar un recipiente con granos de algún cereal cerca de donde dormimos o esparcir los granos por el suelo. Los trasnos tienen la obsesión de ordenar las cosas que ven desordenadas, aunque luego sean ellos los primeros en ponerte la casa patas arriba. Y como no son muy listos, no saben contar hasta más de diez, entonces cuando llegan a ese número se pierden y tienen que volver a empezar. Como tienen un agujero en la mano izquierda, los granos de cereal se caen por dicho agujero. Así están entretenidos durante toda la noche y no hacen “trasnadas”. Otra forma de librarse de ellos es regalándoles ropa, porque sienten que es una ofensa y así abandonan tu casa.
La figura del trasno es universal, ya que es el mismo personaje que el duende de Castilla, el trasgu de Asturias, el follet de Catalunya, el lutin de Francia… También hay constancia de este personaje en Alemania, Noruega, Finlandia, Holanda, Portugal o Suecia.

(Galicia Meiga)

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