La terrible Isabel

Ileisaveta Petrovna ascendió al trono ruso en 1741 y se hizo identificar como la madre misericordiosa del pueblo. Notable por sus excesos y desenfrenada lujuria, se rodeaba de una docena de apuestos amantes a los que exigía completa fidelidad.
Uno de ellos la engañó con otra mujer e Isabel de Rusia decidió darle un castigo ejemplar. Lo obligó a casarse con una enana deforme, y exigió que la pareja pasara la noche de bodas en una habitación hecha de hielo. A la mañana siguiente los encontró en el lecho amoratados por el frío. La zarina ordenó que a su rival le cortaran las orejas y la nariz, luego dispuso que a él lo condujeran a pie a la lejana Siberia, donde pasó el resto de sus días.
Señora de una de las cortes más fastuosas de la historia, Isabel de Rusia contaba con 15.000 trajes de gala, y otros tantos pares de zapatos y medias de seda. Aquejada de demencia, en los últimos meses de su vida se negó a tomar medicamentos y ordenó castigar con azotes a quien se atreviera a pronunciar frente a ella la palabra ‘muerte’. Sin embargo, no logró conjurar su destino y falleció a la edad de 52 años.

Visto en Planeta Curioso


El transporte menos ecológico

¿Pensabais que el medio de transporte más ruidoso, más contaminante y más destructor del medio ambiente es el automóvil? Pues no, es el caballo.

¿Cómo un medio de transporte tan romántico y aparentemente ecológico iba a resultar tan gravoso para la humanidad? Pues lo era, y hasta límites grotescos.

A principios del siglo XX, por ejemplo, en la ciudad de Nueva York vivían y trabajaban unos 200.000 caballos. Es decir, 1 caballo por cada 17 personas.

Los carros tirados por caballos atascaban terriblemente las calles, y cuando un caballo desfallecía, se le solía matar allí mismo. Esto causaba más retrasos. Muchos propietarios de establos contrataban pólizas de seguros de vida que, para protegerse contra el fraude, estipulaban que la ejecución del animal la llevara a cabo una tercera parte. Esto significaba esperar a que llegara la policía, un veterinario o la Sociedad Protectora de Animales. Y la muerte no ponía fin al atasco. “Los caballos muertos eran sumamente inmanejables”, escribe el estudioso de los transportes Eric Morris. “Como consecuencia, las personas que limpiaban las calles esperaban muchas veces a que los cadáveres se descompusieran, para poder cortarlos en trozos con más facilidad y llevárselos en carros.”

Además, los caballos que tiraban de carruajes eran mucho más ruidosos que los coches actuales. El estrépito de las ruedas de hierro y de las herraduras podía llegar a ser tan molesto que incluso causaba numerosos trastornos nerviosos en los vecindarios. En algunas ciudades, en consecuencia, se prohibió el paso de caballos por las calles que rodeaban los hospitales y otras zonas sensibles.

Sufrir accidentes de tráfico con caballos también era espantosamente común. Los caballos no son fáciles de controlar, sobre todo en calles resbaladizas y abarrotadas. En 1900, pues, los accidentes de caballos acabó con la vida de 200 neoyorquinos, 1 de cada 17.000 habitantes. (En 2007, murieron en accidentes de coche 274 neoyorquinos, uno de cada 30.000: un neoyorquino tenía casi el doble de probabilidades de morir atropellado por un caballo en 1900 que por un coche hoy en día).

Y eso que no se tienen estadísticas sobre carreteros borrachos.

Pero lo peor de este medio de transporte animal era la contaminación: el estiércol. Un caballo medio producía unos 10 kilogramos de excrementos al día. Con 200.000 caballos, eso equivalía aproximadamente a 2.000 toneladas de estiércol de caballo.

Imaginad la insalubridad que suponía todo este estiércol para la ciudad. Millones de moscas que propagaban enfermedades mortales. Ríos de ratas y otras alimañas que acudían hambrientas a devorar la avena no digerida y otros restos de la alimentación de los caballos. Cultivos para los humanos que encarecían sus precios debido a la inmensa demanda de los caballos. El estiércol también emitía metano, un potente gas de efecto invernadero.

Entonces el problema, de repente, se resolvió gracias a una innovación tecnológica que nadie esperaba. Un transporte mucho más limpio y eficiente. El tranvía eléctrico y el automóvil.

Visto en Genciencia

Zoológicos humanos

Hace 100 años la gente blanca pagaba entradas para ver a los «salvajes negros», generalmente raptados en África.

El primer caso conocido de esta peculiar esclavitud es el de Saarjite Baartman de Sudáfrica, la cual llegó a Europa en 1810 en un barco inglés. Tenía un trasero muy grande, característica de las tribus Khoisan llamada esteatopigia y también unos labios enormes. Se la encarceló desnuda y se la obligó a sentarse, andar o ponerse en pie según los caprichos del público que le gritaba vulgaridades constantemente. Después de su muerte con 26 años diseccionaron sus genitales y los exhibieron en un museo francés.

Otra historia famosa es la de Oto Benga, un pigmeo del Congo belga. Fue capturado en 1904 por un explorador estadounidense. Exhibieron a Benga en una «casa de monos» de EEUU, donde compartía jaula con un orangután. Pasado algún tiempo le dejaron andar libremente por el zoológico, pero los visitantes le molestaban gritándole y tocándole. Por la noche continuaba durmiendo con el orangután. Consiguió librarse de esa condena en 1906 pero no pudo volver a su país y se suicidó.

El comerciante de humanos más famoso fue Carl Hagenbeck. En 1876 envió gente a Egipto a buscar nubios, conocidos por tener la piel muy oscura. Fueron exhibidos en París, Berlín y Londres. Tuvo tanto éxito que repitió en 1881, esta vez con la tribu Kawesqar de Chile. En el caso de Abraham Ulrikab y su familia, unos esquimales de la isla de Labrador, vinieron voluntariamente porque les hizo creer que recibirían dinero y ayudarían en un estudio científico. Se dieron cuenta de que habían tomado la decisión equivocada cuando fueron exhibidos en el zoo de Berlín y el sobrino Tobías fue maltratado con un látigo. Al cabo de cinco meses todos habían muerto de viruela.

En 1897, el rey belga Leopoldo II construyó tres aldeas congolesas en Tervuren (Bélgica) en las que vivían más de 200 personas de distintas tribus. Estuvieron allí dos meses, vestidos sólo con faldas de paja, y muchos murieron de neumonía o tuberculosis. Los visitantes quedaban encantados y les tiraban plátanos. Algo similar ocurrió en Amsterdam en 1883 con la construcción de una aldea javanesa, y en París en 1889 con la construcción de una aldea senegalesa.

La verdad es que cuesta imaginar estas prácticas tan crueles, llevadas acabo hace tan sólo 100 años.

Aniversario de la Segunda República

La Segunda República Española fue el estado democrático y republicano que existió en España en el período que abarca desde el 14 de abril de 1931, fecha de su proclamación y de la salida de España del rey Alfonso XIII, al 1 de abril de 1939, fecha de la victoria definitiva de los malos en la Guerra Civil que siguió al golpe de estado del 17 de julio de 1936.

Hoy se conmemora el 79º aniversario de la proclamación de la República.

España, mañana, será republicana (y yo que lo vea)