VIRGEN BOLIVIANA PROPUESTA PARA GUINNESS

La fe mueve montañas: este concepto parece ajustarse a la descripción de la minúscula imagen de la Virgen de Letanías, que con sus 19,5 milímetros de alto es venerada en un inhóspito paraje del altiplano de Bolivia, y que será propuesta para el récord Guinness como el ícono más pequeño del mundo.

Esta milagrosa imagen en piedra es frecuentada por fieles desesperanzados o en busca de favores en su elevado santuario, sobre una montaña a 4.200 metros de altitud en la localidad de Viacha, en el cerro de la Letanía, 40 km al sureste de La Paz.

Según la leyenda, la presencia de la Virgen ahuyentó a las serpientes que acosaban a una pequeña pastora, en un episodio ocurrido a principios del siglo XIX. Al buscar al día siguiente el lugar donde apareció la Virgen, los campesinos encontraron un pequeño guijarro con su imagen esculpida. Después del milagro, los vecinos -en su mayoría indígenas aymaras- construyeron una capilla en la cúspide de la empinada montaña para recordar el suceso y adorar esta imagen de la Virgen, según relató a la AFP el alcalde de Viacha, Arsenio Lamas.

Por razonas de seguridad, la verdadera imagen -muy querida en la zona- es trasladada al cerro de la Letanía únicamente en contadas ocasiones, puesto que se queda en custodia en la iglesia de la localidad de Viacha. En particular, la réplica que se exhibe en el cerro deja su lugar a la imagen verdadera el 13 de julio, que es el día de la fiesta dedicada en su honor, y en Semana Santa, cuando un multitudinaria romería de feligreses la trasladan en andas en medio de peticiones de salud, trabajo, dinero y bienes terrenales.

Este mes se hizo una excepción y la microscópica imagen fue trasladada en una romería, porque los pobladores de Viacha, una ciudad pobre y de arquitectura colonial, decidieron nominarla para un récord Guinness. «Oficialmente hemos lanzado la campaña. Ya está inscrita en internet y estamos reuniendo testimonios e informes para que el pedido se evalúe en Londres», reveló el burgomaestre de Viacha.

A esta pequeña imagen se le atribuyen características milagrosas y, según Elvira Fernández, una ferviente devota, la experiencia más grande es cuando se alcanza la cima de la montaña donde está la Virgen, «porque parecería que estamos cerca del cielo». «Cuentan que un hombre que se encontraba desahuciado por sus médicos fue sanado milagrosamente y que en retribución a ese milagro, decidió contraer nupcias en la cima del cerro, en la capilla de la Virgen», señaló.

En la actualidad, detrás del cerro de este inhóspito paraje existe una vertiente de agua cristalina, que según los feligreses tiene poder curativo y medicinal.

Los fieles hacen largas fila para orar ante la Virgen portando lupas para observarla mejor, aunque la leyenda dice que quien tiene fe y cree en ella la distingue perfectamente, sin necesidad de ningún utensilio.

«Así chiquita es muy milagrosa», coinciden los feligreses mientras esperan su turno para orar frente a ella en su santuario, que es un mirador, como una azotea, desde la cual se observan los nevados que la rodean, entre ellos el Huayna Potosí, uno de los más elevados (6.080 m), enclavado en la cordillera andina.

(AFP)

UN HOMBRE GUARDABA 300 GATOS CONGELADOS

La policía detuvo a un hombre en la ciudad californiana de Sacramento, que tenía en su casa unos 300 gatos muertos en varias heladeras, según informó la prensa local.

El individuo, de 47 años, quien se resistió a que los agentes policiales ingresaran a la vivienda, contaba en su poder con un arma automática, indicó el diario Sacramento Bee.

Además de los animales muertos, se encontraron ocho gatos vivos en el lugar, los cuales fueron llevados a un refugio para mascotas.

El olor en la casa, que estaba llena de heces de gato, era insoportable, relató un empleado de la Asociación de Protección Animal a la emisora Fox 40 News.

(DERF)

SE EMBORRACHA Y DEMANDA A LA CERVECERA

Un rumano denunció a una firma cervecera porque tras tomar una lata con uno de sus productos se emborrachó, algo que a él, asegura, no le ocurría con tan poca cantidad de esa bebida alcohólica.

Iancu Boroi, de 35 años, presentó una demanda formal contra la empresa, cuyo nombre no trascendió, y explicó que se compró una latita de cerveza en un supermercado al sur de Rumania y cuando la terminó estaba tan borracho que casi se desmaya.

«Soy más que capaz de beber y es ridículo que una latita me emborrachara de ese modo», sostuvo el hombre, que exige una investigación y una posterior “compensación” porque la bebida «tiene que haber tenido algo malo”.