Lugares del Mundo

La cabaña del Turmo


¿Recuerdas aquella noche en la cabaña del Turmo?
Las risas que nos hacíamos antes todos juntos
Hoy no queda casi nadie de los de antes
Y los que hay, han cambiado
Han cambiado, sí

Todos los años, cuando llega el 20 de abril es imposible que se acabe el día sin haber tarareado el mítico tema de Celtas Cortos “20 de abril”. El caso es que la famosa cabaña del Turmo, a la que hace referencia el estribillo de la canción, existe y se encuentra en el valle de Estós, en el Pirineo de Huesca.

La cabaña del Turmo es un histórico refugio de pastores construido para que, en la época estival, tengan donde resguardarse mientras se ocupan de los animales que suben a los pastos de montaña. Es centro neurálgico de acontecimientos como la tría de ganado de octubre, abierta al público, o la marcha senderista Monte de Estós.

El año pasado se puso en marcha un proyecto de rehabilitación de la cabaña, que no sé si al final se ha realizado o no, con el fin de activar el turismo de la zona.

La cabaña forma parte de la comunidad de bienes del monte de Estós, que abarca 3.800 hectáreas, situadas entre 1.300 y 3.375 metros de altitud, en uno de los valles con más encanto del Pirineo para los excursionistas y considerado el más representativo de la ganadería extensiva en Benasque. Cada verano acuden a sus pastos comunales 800 vacas con sus terneros, un aprovechamiento milenario que, según los propietarios, es la clave de la variedad paisajística del Parque Natural Posets-Maladeta.





Info sobre la cabaña extraída de Heraldo de Aragón

Sanzhi, ciudad fantasma en Taiwan

Con ese diseño de edificios, más bien feo, se concibió en los años ochenta un centro turístico de lujo en Sanzhi (Taiwan). Estaba en la costa y se trataba de que fuese frecuentado por los ricachones de la zona. Pero durante la construcción empezaron a pasar cosas raras, como obreros que se partían el cuello cayendo al vacío aunque usaban fijaciones de seguridad. Pronto los lugareños empezaron a hablar de espíritus malignos y a contar historias sobre un campo de exterminio japonés que había estado ubicado en esos terrenos.

Finalmente la construcción se detuvo y el proyecto quedó paralizado. Nunca nadie compró los apartamentos construidos y las autoridades no los han tirado abajo, porque la gente cree que si lo hicieran se liberarían los espíritus malignos que allí habitan.

Está claro que el chanchullo que debió haber ahí realmente no tenía mucho que ver con los espíritus sino con los más vivos del lugar, pero eso es otro tema.


Visto en https://genial.guru/admiracion-lugares/20-lugares-abandonados-que-producen-escalofrio-117155

El zoo de Lehe Ledu, donde el que está enjaulado eres tú

Hoy he descubierto un zoo diferente. En Lehe Ledu, ubicado en China, los animales no viven en jaulas, el que va metido en una jaula es el visitante. Me parece hasta raro, teniendo en cuenta el poco apego que demuestran tener los chinos hacia otros bichos vivientes, sean de la especie que sean.

Aquí los visitantes pueden ver a los animales sueltos, que andan en libertad por todo el parque. Claro que, para llamar su atención y que se acerquen, la jaula lleva trozos de carne colgando, si no a más de un león no le verían el pelo durante años. Al menos no los tienen encerrados en habitáculos pequeños, como ocurre en los zoológicos occidentales.




Visto aquí

Ya se puede desayunar con diamantes en Tiffany

Al pensar en Tiffany & Co, lo primero que viene a la mente es la imagen de Audrey Hepburn con un croissant en la mano mirando el escaparate de la famosa joyería de la 5ª Avenida.
 
Tiffany & Co ha abierto este fin de semana su primer restaurante en la cuarta planta del establecimiento neoyorquino, diseñado para reflejar «una experiencia de lujo moderna», según los responsables, con comida americana «de la más alta calidad».
 
Permítanme que me ría con eso de «la más alta calidad». Estuve hace poco más de tres meses en Nueva York y lo que menos me gustó, con diferencia, fue la comida. Vamos, que me pasé una semana a base de porciones de pizza y hamburguesas. Y es que los neoyorquinos no saben comer. Me imagino que habrá buenos restaurantes en los que se coma bien y que yo, por desconocimiento de la ciudad y por ir con el tiempo bastante ajustado, no pude o no supe localizar, pero mi impresión en general es que la comida allí es un auténtico horror. Eso sin contar la cantidad de gente que se compra la comida y se pone a comer en la calle. Porque los locales que más abundan son de comidas preparadas ─que te las miras y piensas ‘qué será eso’─, que la gente las compra y se las zampa en cualquier banco de la calle.

 

 

Por eso, calificar la cafetería de Tiffany de lujosa puede ser acertado, pero lo de comida de la más alta calidad vamos a dejarlo en la duda, que despejaré si un día vuelvo a visitar Nueva York. Estuve en la tienda ─no puedes irte de Nueva York sin pasear por la 5ª Avenida y entrar en sus tiendas─, y me llevé una pequeña decepción al ver que las joyas expuestas no tienen los precios visibles, así que me quedé con las ganas de saber si, como había leído por ahí, también venden cosas asequibles a bolsillos menos pudientes. Así que me di una vuelta por la planta baja y me fui sin atreverme a preguntar precios por no hacer el ridículo, porque lo más seguro es que se me notara la cara de mileurista.
 
Volviendo a la nueva cafetería, se llama Blue Box Café y está diseñada en «azul Tiffany», un azul claro único de la empresa. Se puede tomar un desayuno por 39$ y una comida puede costar entre 39$ y 49$. Barato lo veo para un sitio de lujo en una ciudad donde hasta respirar es caro.
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