Mis fotos

Se acabaron las vacaciones

Todo lo bueno se acaba (y demasiado pronto). Las vacaciones han terminado y ya he vuelto al trabajo. He aquí un pequeño resumen de lo que ha sido mi veranito.

En primer lugar me fui a Grecia ocho días. Estuve dos en Atenas y seis en Santorini.


Me ha encantado, sobre todo Santorini, es espectacular. Además estaba en un resort con piscina privada en mi habitación, un lujazo. Tengo que volver ahí.

Después de Grecia me tocó trabajar una semanita, que pasó más o menos rápido, y me fui otra semana a Zaragoza, a las fiestas del pueblo de mi madre, como es habitual todos los meses de agosto. Después de eso, y como también viene siendo habitual, me fui cinco días a Tossa de Mar (Costa Brava), que cualquier día voy y me quedo a vivir allí. Me encanta ese pueblo.

En fin, que no me puedo quejar de mis vacaciones. Habrá que ir pensando en planear las del año que viene…

Peratallada

Durante las pasadas vacaciones de Semana Santa tuvimos tiempo de hacer una excursión a Peratallada.

Peratallada es un pueblo situado en la comarca del Baix Empordà (Girona). Los primeros datos escritos que se tienen del lugar hacen referencia al Castillo de Peratallada del siglo X, por aquel entonces perteneciente al linaje de los Peratallada y primera edificación que se tiene referencia del lugar, alrededor del cual fue creciendo la población.Es probablemente el pueblo medieval mejor conservado de Catalunya, y seguramente de Europa.

Un laberinto de callejuelas medievales para perderse en ellas y hacer un viaje al pasado. Conserva el trazado original, por lo que hay piedras que llevan ahí mil años. Es simplemente espectacular.



Crónica sevillana

No he hablado aún por aquí de mi viaje a Sevilla a principios de marzo. Primero por falta de tiempo y luego por vagancia iba retrasando el post, así que antes de que caiga en el ovido voy a hacer una pequeña crónica, que Sevilla bien merece un par de líneas.


Río Guadalquivir y Torre del Oro, visto desde Triana

Dice una canción que “Sevilla tiene un color especial”. Bien, pues yo no le vi el color ya que durante los tres días que estuve allí no paró de llover, excepto un par de ratos en los que sol intentó abrirse paso sin conseguirlo del todo.

Yo no iba muy convencida, porque la verdad es que el sur no me llama mucho. Además el año pasado visité otra ciudad de Andalucía ─no diré cuál, que no quiero que nadie se me ofenda─ y la verdad, ni fu ni fa. Pero Sevilla me sorprendió muy gratamente. A pesar de la lluvia y el viento, hasta el punto de que los parques estaban cerrados porque habían caído árboles, puedo decir que me encantó la ciudad. Y es que Sevilla tiene mucho encanto.

El primer día visitamos Triana y nada más llegar nos encontramos que estaban trasladando la “Esperanza de Triana” de una iglesia a otra. Supongo que el evento formaba parte de los preparativos de la Semana Santa que se avecinaba, no lo sé. El caso es que me entraron ganas de salir huyendo hacia Barcelona en el primer AVE. Yo no había ido allí para ver rezos ni procesiones, ni eventos folclóricos similares, además soy atea. Hubo suerte y no nos topamos con más procesiones. Eso sí, aproveché para echar algunas fotos del evento, ya que estaba en medio del jaleo.


Esperanza de Triana


Iglesia de Santa Ana (Triana)

El segundo día tocó callejear por toda la ciudad, nos acercamos a la Torre del Oro y después nos dedicamos al barrio Santa Cruz y sus callejuelas, y nos paramos en la iglesia del Salvador, de estilo barroco. Espectacular. Y ya el tercer día, que hubo suerte porque por la mañana lució un rato el sol, visitamos la catedral y el Real Alcázar, aunque luego el tiempo se estropeó de nuevo.


Torre del Oro


Catedral de Sevilla


Real Alcázar


La Giralda, desde el Patio de los Naranjos de la catedral

A última hora del tercer día, como aún nos quedaba algo de tiempo nos acercamos a ver la Basílica de la Macarena. Tuvimos que esperar más de una hora porque estaban haciendo algún tipo de liturgia y no se cabía. Además mientras duraba el acto no dejaban hacer fotos.


La Macarena

Hay ciertos aspectos de Sevilla que no me acaban de gustar, como por ejemplo la obsesión que tienen con la religión y lo taurino. Vi cabezas de toro disecadas en varias tabernas. Además en casi todas las tascas del centro tenían las paredes empapeladas con fotos relacionadas con las corridas de toros. Eso no mola. El postureo de los “señoritos” el domingo por la mañana, tomándose el vermut vestidos como para ir a una boda y con el pelo engominado, también es para darles con la mano abierta. Pero bueno, como dicen por ahí, son sus costumbres y hay que respetarlas.

Por lo demás, después de este viaje solo puedo decir que me encanta Sevilla.


Nota: Las fotos de este post son todas hechas por mí. Las dos últimas están hechas con el móvil y no he tenido tiempo aún de retocarlas. Algunas de estas y otras de diferentes lugares las podéis ver también en mi cuenta personal de Flickr.

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