Para reflexionar

Hortensia llega a la oficina a la hora en punto ─ni un minuto antes, ni uno después─ arrastrando su corta estatura, mientras chupetea un caramelo con expresión de asco en la cara.

Hortensia es un carcamal, una momia arrugada que ha conocido tiempos mejores, pero que lleva la edad (no demasiado elevada, por cierto) con muy poca dignidad.

Hortensia tiene pocas luces, nivel intelectual justito y es medio analfabeta, no por falta de oportunidades sino por dejadez personal. Es inculta y hace gala de su catetez, minuto a minuto, durante las ocho horas que dura su jornada laboral. Hortensia habla con sus clientes, los deleita con su desagradable voz cazallera y con errores lingüísticos que pondrían los pelos de punta a cualquiera. Hortensia no sabe hacer la o con un canuto.

Hortensia es lenta, de entendederas y de acciones. Siempre intentará endosar a otro cualquier cosa que suponga pensar un mínimo.

Hortensia no se relaciona con nadie. Su mala educación la lleva a esquivar cualquier cara conocida que se cruce en su camino.

Hortensia, las pocas veces que habla, no mira a los ojos. Dirige su mirada al infinito, quizá pensando que su interlocutor es demasiado poca cosa para ella.

Hortensia lloriquea. Juega a hacerse la víctima ante sus superiores para dar pena. Y la da, pero no como ella imagina.

Hortensia no es de fiar. Es resabiada y no da puntada sin hilo. En su triste vida, todo lo que hace tiene un porqué que solo ella conoce.

Hortensia es como un grano en el culo: inútil, molesta e insoportable.

Hortensia es real. Casi todo el mundo, en alguna ocasión ha tenido que sufrir a una Hortensia en su vida.

Esta es una historia tan conmovedora que hasta puede tener un punto algo lacrimógeno si te pilla en un momento sensible. Es una historia que demuestra cómo un animal puede cambiar la vida de una persona; demuestra que la vida en este planeta podría ser diferente a poco que nos lo propusiéramos; demuestra que merece la pena cuidar la Naturaleza por todo lo que ésta nos puede dar. Es una historia que inevitablemente te pone a pensar en lo destructivos que somos los humanos con este planeta que, al fin y al cabo, es nuestra casa.

Los protagonistas de esta historia son Bambi y Aladino (no, no es un cuento, es que el pobre hombre se llama así). Aladino es un señor que vive en Asturias, en medio del campo, en un entorno natural espectacular. Como él mismo explica era cazador, ya que su padre, a parte de ponerle el nombre de una peli de Disney, le enseñó desde muy joven a cazar venados. Un día, a unos dos kilómetros de su casa, se encontró una cría de ciervo moribunda, se apiadó, la alimentó y con sus cuidados logró que sobreviviera. Y la llamó Bambi.

Hoy, Bambi ya es una cierva adulta. Aunque vive en libertad, todos los días visita a Aladino y pasa unas cuantas horas con él. Pero lo más importante es que desde que encontró a Bambi, Aladino no ha vuelto a ser capaz de cazar. «Aunque me pagues lo que me pagues, yo no mato ningún animal», explica.

El ex cazador se emociona cuando cuenta su experiencia con Bambi. Es impresionante lo que ha sido capaz de transmitirle esta cierva, hasta el punto de cambiar totalmente su vida.



Ya es mala suerte vivir en un entorno natural tan espectacular como los Picos de Europa y tener que ir a dar con lo «mejorcito» de la civilización humana. Eso es lo que le pasó al pobre jabalí que, sin comerlo ni beberlo, se encontró despeñado por un barranco.

La Guardia Civil dice que está intentando localizar a esta gentuza pero difícil lo veo. Y si los pillan, como en este país las leyes son como son y la justicia va como va, palmadita en la espalda y aquí no ha pasado nada.

 

 

Siete machotes que iban de excursión por la montaña empujaron con palos a un jabalí hasta que lo despeñaron. Así es la especie humana, destructiva hasta decir basta. Ya no se trata de ser amante o no de los animales, pueden no gustarte, pero eso no te da derecho a torturarlos y agredirlos.

El nivel de educación de estos energúmenos queda claro en las imágenes. Ojo, este vídeo puede herir sensibilidades.

 

 
Vídeo extraído de aquí

Sale en todos los periódicos y se habla en las redes sociales de ‘la ballena azul’, un juego que se está poniendo de moda y que va dirigido a niños y adolescentes.
Consiste en superar 50 pruebas, una por día. Algunas obligan a levantarse de madrugada y ponerse a ver vídeos de terror. Otras consisten en autolesionarse, y la última de ellas consiste en suicidarse lanzándose desde un balcón. Si lo haces, has ganado.
Lo preocupante del asunto no es ya el hecho de que haya uno o varios tarados en internet incitando a jugar a esto. Lo verdaderamente preocupante es que haya chicos y chicas, apenas unos niños, que se prestan a participar y lo llevan hasta el final, incluido el reto del suicidio.
Porque por muy adolescente que seas, por muy manipulable que seas, nadie normal se tira por un balcón porque se lo diga un cretino en internet.
Claro que también hay quienes afirman que eso del juego es un bulo, que nunca ha existido como tal y que han sido los medios de comunicación, por publicar noticias sin contrastar, quienes han contribuido a que la moda se extienda.
El caso es que ya se han documentado casos de adolescentes suicidados jugando a la ballena azul en varios países. En cualquier caso, no es ni medio normal que alguien se dedique a hacerse cortes y a lanzarse desde un balcón por cumplir un reto visto en internet.
¿Es que cada día estamos más tontos, o se trata simplemente de la selección natural adaptada a la época actual?


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