Para reflexionar

Nos están envenenando… y nos dejamos

Compras fresas en el supermercado y al día siguiente están podridas. Los tomates hace años que no saben a tomate. En los alimentos envasados o precocinados cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
Y ya no hablemos del pan, puedes cambiar mil veces de panadería que a cuál peor. Lees las etiquetas de los productos y te encuentras zumos que solo tienen un 5% de zumo o tomate frito con un 10% de tomate. Y una larga lista de conservantes, acidulantes y un montón de “-antes”.

Yo recuerdo, por poner un ejemplo, cuando en mi infancia veraneaba en el pueblo. Íbamos a comprar leche a la vaquería; la vendían a granel, directamente de la vaca. Cuando llegabas a casa la hervías y punto. Luego llegaron las leyes de sanidad y se prohibió la venta de algunos productos frescos sin envasar. Lo mismo que con la leche ocurrió con el aceite de oliva. La diferencia es que aquello era sano, no llevaba ningún producto químico.

Hace treinta años era raro conocer a alguien con intolerancia a algunos alimentos, eran casos puntuales. Hoy en día, en cambio, casi todo el mundo es intolerante a algo. Eso sin contar cómo se han multiplicado los casos de cáncer en los últimos tiempos.

Lo malo es que si queremos comer, es lo que hay. Todo es cada vez más artificial y más dañino para la salud.

Lucro a costa de tu solidaridad

Una vez firmé en una petición a través de la página supuestamente solidaria Change.org, y fue tal el bombardeo de emails que empezaron a llegar desde esa página a mi correo, que desde entonces no he vuelto a firmar nada ahí, por mucho que me interese el tema.

Hoy, gracias a un tweet he llegado a un interesante artículo en el que se explica el funcionamiento de dicha web de activismo y me reafirmo en mi decisión de no volver a participar en ninguna campaña solidaria que ellos publiquen.

Y es que Change.org, más allá de ser un portal de activistas y gente solidaria es un negocio muchimillonario. Tú al firmar dejas datos: correo electrónico, nombre, número de móvil y, por supuesto, en función de la petición que firmas, dejas rastro de tus intereses o tu forma de pensar. Los señores de Change.org venden estos datos, a 1,5€ el mail y a 6€ el teléfono. Según las campañas que vayas firmando van creando tu perfil en su base de datos y luego lo venden. El mal menor es que recibas montones de publicidad en tu correo, porque según con qué campañas simpatizas tienen información sobre tus intereses y sobre tu ideología.

La realidad es que Change.org es una empresa privada, una multinacional americana presente en 18 países. No hacen nada ilegal, puesto que hay mucha letra pequeña de esa que nadie se lee y casillas para marcar opciones de privacidad, de esas en las que nadie se fija, por lo que ni hacen publicidad encubierta ni tienen nada oculto. Pero tienen información sobre los millones de personas que pasan por allí cada día.

Como ya he dicho no es nada ilegal, hacen exactamente lo mismo que Google o Facebook, pero bajo la apariencia de campaña solidaria atraen a más incautos.

Hortensia

Hortensia llega a la oficina a la hora en punto ─ni un minuto antes, ni uno después─ arrastrando su corta estatura, mientras chupetea un caramelo con expresión de asco en la cara.

Hortensia es un carcamal, una momia arrugada que ha conocido tiempos mejores, pero que lleva la edad (no demasiado elevada, por cierto) con muy poca dignidad.

Hortensia tiene pocas luces, nivel intelectual justito y es medio analfabeta, no por falta de oportunidades sino por dejadez personal. Es inculta y hace gala de su catetez, minuto a minuto, durante las ocho horas que dura su jornada laboral. Hortensia habla con sus clientes, los deleita con su desagradable voz cazallera y con errores lingüísticos que pondrían los pelos de punta a cualquiera. Hortensia no sabe hacer la o con un canuto.

Hortensia es lenta, de entendederas y de acciones. Siempre intentará endosar a otro cualquier cosa que suponga pensar un mínimo.

Hortensia no se relaciona con nadie. Su mala educación la lleva a esquivar cualquier cara conocida que se cruce en su camino.

Hortensia, las pocas veces que habla, no mira a los ojos. Dirige su mirada al infinito, quizá pensando que su interlocutor es demasiado poca cosa para ella.

Hortensia lloriquea. Juega a hacerse la víctima ante sus superiores para dar pena. Y la da, pero no como ella imagina.

Hortensia no es de fiar. Es resabiada y no da puntada sin hilo. En su triste vida, todo lo que hace tiene un porqué que solo ella conoce.

Hortensia es como un grano en el culo: inútil, molesta e insoportable.

Hortensia es real. Casi todo el mundo, en alguna ocasión ha tenido que sufrir a una Hortensia en su vida.

Bambi y el cazador

Esta es una historia tan conmovedora que hasta puede tener un punto algo lacrimógeno si te pilla en un momento sensible. Es una historia que demuestra cómo un animal puede cambiar la vida de una persona; demuestra que la vida en este planeta podría ser diferente a poco que nos lo propusiéramos; demuestra que merece la pena cuidar la Naturaleza por todo lo que ésta nos puede dar. Es una historia que inevitablemente te pone a pensar en lo destructivos que somos los humanos con este planeta que, al fin y al cabo, es nuestra casa.

Los protagonistas de esta historia son Bambi y Aladino (no, no es un cuento, es que el pobre hombre se llama así). Aladino es un señor que vive en Asturias, en medio del campo, en un entorno natural espectacular. Como él mismo explica era cazador, ya que su padre, a parte de ponerle el nombre de una peli de Disney, le enseñó desde muy joven a cazar venados. Un día, a unos dos kilómetros de su casa, se encontró una cría de ciervo moribunda, se apiadó, la alimentó y con sus cuidados logró que sobreviviera. Y la llamó Bambi.

Hoy, Bambi ya es una cierva adulta. Aunque vive en libertad, todos los días visita a Aladino y pasa unas cuantas horas con él. Pero lo más importante es que desde que encontró a Bambi, Aladino no ha vuelto a ser capaz de cazar. «Aunque me pagues lo que me pagues, yo no mato ningún animal», explica.

El ex cazador se emociona cuando cuenta su experiencia con Bambi. Es impresionante lo que ha sido capaz de transmitirle esta cierva, hasta el punto de cambiar totalmente su vida.



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