Las vacas peludas de Escocia

Una de las cosas que te puedes encontrar si te das una vuelta por las Highlands escocesas, a parte del Sr. Outlander (que ese ya os digo yo que no está) son las peculiares vacas de las Tierras Altas, también llamadas Hairy Cows. Serían la versión peluche de una vaca normal. Pero estas tienen cosas que las hacen algo diferentes de las que estamos acostumbrados a ver.

Por ejemplo, viven más que nuestras vacas y producen más terneros. Pueden correr a una velocidad de hasta 40 km. por hora, así que si te persigue una de estas mejor subirse a un árbol. Las hay de varios colores y sus cuernos pueden medir más de un metro; los cuernos les ayudan a escarbar y a encontrar algo que llevarse a la boca en los duros inviernos escoceses.

El pelo las protege de enfermedades, sobre todo en los ojos, de hecho son resistentes a muchas enfermedades y aguantan muy bien el frío, de ahí que en Escocia estén tan a gustito.

Por último, los británicos consideran que la carne de esta vaca es la mejor del mundo, por lo que un filete es un plato caro, será lo único medio decente que comen.


Soy borde porque digo lo que pienso, sin filtros

Por decir lo que pienso sin tapujos me llaman borde. En el trabajo he pillado esa fama, ya lo dice el refrán: «cría fama y échate a dormir».

Incluso entre aquellas de mis compañeras con las que mejor me llevo, con las que he ido de vacaciones, viajes, copas y demás tengo esa fama que no me abandona

-«Es que todo el mundo te cae mal», me dicen.

-«No, mis niñas, no. Si todo el mundo me cayera mal no estaría aquí ahora mismo hablando contigo, ni habría volado con vosotras hasta la otra punta del país para pasar un fin de semana, ni me habría ido a una discoteca con vosotras a darlo todo, con lo mayor que estoy», respondo yo. Porque realmente, mal, lo que se dice mal, solo me cae una persona de toda la empresa (y no es precisamente el jefe, aunque también tiene lo suyo).

Pero claro, si además de la gente que me gusta tengo que aguantar en el trabajo todos los días a una lerda que no sabe ni dónde tiene la mano derecha y digo delante de ella lo cateta que llega a ser, pues resulta que soy borde. Porque la susodicha igual se siente incómoda de oír las verdades.

Y esto viene a cuento porque vengo de leer un artículo que está aquí, sobre cómo obtener más felicidad en tu entorno. Y una de las cuestiones que plantea es si en el trabajo eres amable con la gente y les dedicas palabras bonitas. ¡Cómo voy a ser amable con el gilipollas de mi jefe y con doña Palurda!

El caso es que poner filtros a la hora de decir las cosas lo encuentro bastante hipócrita. Cada uno debe ser consciente de sus limitaciones y, si tú eres lo más cateto del mundo y te lo dicen a la cara, pues te tienes que aguantar. No es una falta de respeto ni un insulto, es llamar a las cosas por su nombre y decir la verdad, aunque a veces resulte incómoda.

Y por si acaso alguien alude a mis propias limitaciones, tengo que decir que ni soy la persona más lista del mundo ni me creo más que nadie. Pero a cada uno lo suyo.


Se acabaron las vacaciones

Bueno, pues todo lo bueno se acaba, incluidas mis vacaciones, que no han sido las mejores del mundo, pero ahí han estado.

Ya sé que del blog me he tomado varios meses de descanso, pero es que realmente los necesitaba.

Decía que no han sido las mejores vacaciones del mundo, y es que entre problemas en el trabajo y que este verano no me estoy encontrando muy bien, pues lo que me apetecía era quedarme todo el verano metida en la cama y no salir ni para mirar el tiempo que hacía.

Aún así he ido de viaje. He estado en Escocia y en Londres. En Escocia he visto Edimburgo y me he dado una vuelta por las Highlands. En Londres he visto Londres, y ya está.

Escocia me ha encantado, pese a que me tuve que comprar una sudadera (en pleno julio), un paraguas y un impermeable. Y es que hacía un tiempo como de invierno. En ese país no ven el sol ni en foto.

Londres, pues… A ver, es una ciudad que hay que visitar, que dicen que mola, que es lo más en Europa… Pues vale, visitada está y posiblemente tardaré en volver. Vamos, que no está entre mis destinos a repetir como París o New York. Ni fu ni fa. A esto hay que añadir los señores ingleses, que tenían la simpatía también de vacaciones. A Escocia sí que quiero volver. Es muy bonito y la gente super maja.

Después del viaje, como cada año mi semanita en las fiestas del pueblo y mi otra semanita en la Costa Brava, esto que no me lo quiten.

Escocia
Londres

Comprar en Fnac es un timo

Necesitaba una tablet. Ayer por la tarde entré en la web de Fnac y me la compré. Elegí la opción de entrega en 2 horas (pagando casi 8 euros por el servicio). Dentro del plazo llegó el repartidor, me traía un móvil. «Esto no es lo que yo he comprado. Yo he comprado una tablet, no un móvil», le dije. «Yo sólo soy de la empresa de transporte, traigo lo que me han dado. Me lo llevo y mañana te dirán algo».

Bien, ya es «mañana» y a mí nadie me dice nada. Eso sí, el importe está cargado en mi tarjeta desde el momento en que realicé la compra. Evidentemente, no cuento con que hoy me digan nada porque es domingo. Y mañana ya veremos.

Total, que un producto que tenía que estar entregado en 2 horas, y después de haber pagado por ese servicio, ya lleva de momento un día de retraso.

Servicio de atención al cliente telefónico solo tienen de lunes a viernes, así que contacté con ellos mediante el formulario de contacto de la web. Al enviar el mensaje te dicen que contestan entre 48 y 72 horas. ¡Eso son 2-3 días!

La solución hubiera sido fácil: se han equivocado pues me envían otro repartidor con el pedido correcto y ya está. Aunque sea sábado, aunque sea tarde. La cagada es de ellos. Y si esto no es posible, me mandan un email y me devuelven el importe cobrado y listo. Yo ya veré qué hago.

Pero no, no han hecho absolutamente nada. El pago me lo van a tener que devolver igual porque ya no quiero la compra. Me compraré la tablet en otro sitio. Y me van a tener que dar de baja la tarjeta de socio porque no pienso comprarles nada nunca más ni quiero saber nada de ellos, por incompetentes y timadores.