Personal

La fauna del carril bici

Hace cosa de un mes me compré una bici para ir al trabajo. El metro nunca me ha gustado ─va excesivamente lleno de gente y huele mal─, por lo que ya solo voy en metro los días de lluvia. El resto de desplazamientos que no son a la oficina los hago como siempre en coche, que para mí es el medio de transporte ideal.

Mi bici

Ahora que el ayuntamiento no para de construir carriles bici, me di cuenta de que puedo ir directamente desde casa al trabajo y me compré una bicicleta eléctrica, para hacer el mínimo esfuerzo, y plegable para poder meterla en un armario al llegar a casa y que no estorbe (estas bicicletas no se pueden dejar en la calle ni atadas con candado porque las roban).

Después de un mes pedaleando he descubierto todo un mundo paralelo, el de los carriles bici. Y es que hay gente a la que habría que prohibírsele salir de casa:

El que se cree que está en el Tour de Francia: Normalmente llevan una bicicleta de carreras y circulan como si se hubieran olvidado un grifo abierto. Te tienen que adelantar sí o sí, les va la vida en ello. Están disputando una carrera contra un rival imaginario y tienen que ganar como sea. No entienden que una bicicleta no es precisamente el vehículo más rápido del mundo, por lo que no es apropiada si vas con prisas.

El que va pisando huevos: Éste, al contrario que el anterior, va a paso de tortuga, entorpeciendo el tráfico del carril bici. Normalmente circula por el centro del carril y zigzagueando, por lo que es totalmente imposible adelantarlo. Ha decidido que todos debemos ir a su ritmo, nos guste o no.

El que tiene que salir el primero en todos los semáforos: Este espécimen es una variante del anterior. Va excesivamente lento, consigues adelantarle y cuando llega el siguiente semáforo en rojo se tiene que colocar delante de todos, para salir el primero cuando se ponga verde, ir otra vez pisando huevos y que le tengamos que adelantar de nuevo. Me he encontrado algunos a los que les he tenido que adelantar hasta cuatro veces por ir todo el rato haciendo lo mismo.

El que de repente se para en medio del carril bici para consultar el móvil: Esto lo he visto varias veces. Algunos tienen que pararse en medio (no se molestan ni en apartarse) para consultar ese WhatsApp tan importante para sus vidas que no puede esperar a que lleguen a destino. ¿Tanto te cuesta salirte del carril bici mientras consultas el móvil?

El que va muerto de miedo: Normalmente es una persona que no tuvo bicicleta en su infancia, ha aprendido a montar de mayor y se ha sacado el bono del bicing (servicio de alquiler de bicicletas del ayuntamiento). No va nada seguro, circula muy despacio y tembloroso. Da la impresión de que se va a caer en poco rato. Supongo que con la práctica se convertirá en un ciclista normal.

El que lleva una bici porque su neurona no le da para conducir otra cosa: De estos hay unos cuantos. “Soy tan lerdo que no soy capaz de conducir un coche, pues me compro una bici, que está de moda”. Hacen lo que quieren, no respetan las más mínimas normas de circulación y tienen tendencia a provocar accidentes. Porque si deciden pasar, pasan, aunque sea peligroso, aunque no tengan espacio. Los semáforos están de adorno para ellos y los peatones y los demás ciclistas tienen la obligación de cederles el paso.

El peatón irresponsable: Estos no van en bici, van andando, pero cruzan con el semáforo rojo, te obligan a frenar en seco y son muy incívicos. Pasean al perro por el carril bici como si fuera exclusivamente de ellos. Si les dices algo te miran mal.

Después de unos días experimentando con mi bici nueva y, visto lo visto, he optado por comprarme un casco y contratar un seguro. El casco porque es muy fácil que por culpa de algún retrasado acabes en el suelo. Y el seguro porque, aunque procuro circular con prudencia, siempre hay algún despistado que de repente se te echa encima y va corriendo a denunciarte al mínimo roce. Así que si por accidente atropello a algún peatón irresponsable, a mí no me va a sacar ni un céntimo.

Hoy, doble celebración

Hoy estoy de celebración por partida doble. Toca cumplir años y ha caído uno más, de lo cual me alegro yo más que nadie, como es lógico. Y bueno, no he hecho nada especial, comida en con la familia y lo hemos celebrado con una pequeña tarta con sus velitas y todo, para que no se me olvide lo mayor que me estoy volviendo.

Decía que celebro por partida doble, y es que el Barça de mis amores me ha hecho un regalazo metiéndole nada menos que una manita al Real Madrid, que se queda a un montón de puntos por debajo. Hat-Trick de Suárez y en general un partidazo de todos. Entre unas cosas y otras, día redondo.



20 consejos para llamar a atención al cliente

Hoy en día, la mayoría de las empresas que ofrecen algún servicio disponen de un teléfono de atención al cliente. Yo hace muchos años que me dedico a eso, por lo que te voy a dar unos consejitos para que tu llamada a cualquier servicio de atención al cliente sea una experiencia placentera para todos.

  1. Cuando llames a atención al cliente, seguramente te pediré el número de DNI para localizarte, así que si no te lo sabes procura tenerlo preparado. No puedo perder media hora esperando a que aparezca tu carnet perdido.
  2. Recuerda que el DNI lleva una letra al final. No me obligues a preguntarte “¿y la letraaaa?” cada vez que llames: quedas como un palurdo.
  3. Si llamas para informarte sobre algo y mi respuesta no te gusta, no insistas ni le des vueltas, no entres en un bucle infinito. Piensa que en atención al cliente no nos inventamos las cosas, sino que seguimos las directrices de la empresa, lo que te decimos es lo que hay, te guste o no.
  4. Si llamas enfadado por algo que según tú la empresa ha hecho mal, no vociferes ni despotriques. Cuando haces esto yo enciendo el altavoz del teléfono para que mis compañeros te oigan y, mientras tú echas espuma por la boca, nosotros nos descojonamos todos de ti. Después de finalizar la llamada aún estamos un rato echando unas risas a tu costa.
  5. Si eres cliente de la empresa, no llames lloriqueando para ver si te hacemos un descuento porque te voy a decir que ni hablar del peluquín. Eres exactamente igual que los demás clientes, no eres VIP ni lo serás en tu vida.
  6. Si nos debes dinero y llamas, no me cuentes tu vida ni los graves problemas económicos que atraviesas. Sinceramente, no me importa.
  7. Tampoco me pongas excusas. Eso de que el perro se comió la factura y por eso no la has podido pagar no cuela.
  8. Si llamas para abonar algo con tarjeta de crédito o para decirnos un número de cuenta o cualquier otro dato, tenlo preparado. No voy a esperar media hora a que tú vayas al coche a buscar la cartera.
  9. Si llamas para solicitar algún tipo de documentación y te tomo nota, no vuelvas a llamar a los cinco minutos porque no la has recibido. No eres el único cliente y recibirás las cosas cuando te toque. Recuerda el punto 5: no eres VIP.
  10. Si el banco te ha devuelto un pago, no le eches la culpa al banco ni te pongas en actitud indignada diciendo que vas a ir a la oficina bancaria a montarles el pollo. Piensa que a mí me aparece en pantalla el motivo de la devolución, por lo que sé perfectamente que el impago es por falta de saldo y me voy a reír de ti.
  11. Cuando llames, haz callar al perro y remata al niño para que deje de sufrir y no chille más. De lo contrario, a parte de no enterarme de lo que me estás diciendo me voy a quedar sorda y tendré que coger la baja. Y a ver entonces quién te atiende.
  12. Y no, no podemos colgar y llamarte yo. Si no tienes saldo en el móvil lo recargas, y si te queda poca batería lo enchufas.
  13. No me llames mientras vas conduciendo. A parte de ser peligroso para ti, el ruido que hace esa lata de hace treinta años que tienes por coche no me deja oírte bien. Piensa que cuando me llamas desde el coche hago rituales y conjuros para que te pillen, te metan una multa de las que duelen y te quiten los pocos puntos que te quedan en el carnet. No te confíes, algún día mis conjuros darán resultado.
  14. Si te tengo que enviar documentos, no me exijas que te los envíe ordenados o con la información desglosada a tu gusto. No soy tu secretaria. Y tú no eres VIP.
  15. Cuando llames un lunes quejándote porque durante el fin de semana nadie te ha cogido el teléfono, recuerda que igual que a ti no te gusta trabajar los fines de semana y los festivos (y no los trabajas), a mí tampoco (y tampoco los trabajo).
  16. Cuando me llames para quejarte por algo, no tengas a tu mujer detrás indicándote lo que tienes que decir. Al teléfono se oye todo y quedas como un calzonazos. Y me voy a reír de ti.
  17. Si eres cliente, no hace falta que llames cada día para preguntar tonterías. Ten en cuenta que el teléfono desde el que llamas aparece en pantalla y cuando llamas tanto ya sabemos que eres tú y te pondremos un mote: pasarás de ser el “Sr. López” a ser “el plasta paleto de… (pon aquí tu lugar de procedencia)”.
  18. Si tienes que reclamar algo, no entres gritando y exigiendo. Se te dará una explicación y es lo que hay (recuerda el punto 3). Y no, no te voy a decir mis apellidos ni mi DNI y, por supuesto, no te voy a pasar con un “superior” ni con nadie. Y si me insultas, te colgaré el teléfono sin más, por imbécil.
  19. Si no te ha gustado mi respuesta y vuelves a llamar a ver si se pone otra persona, recuerda que tu número aparece en pantalla, por lo que sabemos que eres tú dando la brasa otra vez. Te vamos a decir exactamente lo mismo y seguramente te pondremos un mote. Además, nos vamos a reír de ti.
  20. Si sabes de sobra cuál es nuestro horario (porque eres un pesado que no para de llamar), ¿por qué llamas cuando sabes que me falta un minuto para irme? ¿sabes que tengo vida después del trabajo? También tienes un mote, ya no eres el “Sr. López”, eres “el gilipollas tocahuevos de… (pon aquí lo que quieras)”.

En resumen, cuando tengas que llamar a un servicio de atención al cliente sé cordial y educado. Piensa que al otro lado del teléfono hay una persona igual que tú, trabajando. No eres superior ni eres VIP. Los que trabajamos en el departamento de atención al cliente no somos los dueños de la empresa, nosotros no ponemos las normas, pero intentamos ayudarte en la medida de nuestras posibilidades.

Se acabaron las vacaciones

Todo lo bueno se acaba (y demasiado pronto). Las vacaciones han terminado y ya he vuelto al trabajo. He aquí un pequeño resumen de lo que ha sido mi veranito.

En primer lugar me fui a Grecia ocho días. Estuve dos en Atenas y seis en Santorini.


Me ha encantado, sobre todo Santorini, es espectacular. Además estaba en un resort con piscina privada en mi habitación, un lujazo. Tengo que volver ahí.

Después de Grecia me tocó trabajar una semanita, que pasó más o menos rápido, y me fui otra semana a Zaragoza, a las fiestas del pueblo de mi madre, como es habitual todos los meses de agosto. Después de eso, y como también viene siendo habitual, me fui cinco días a Tossa de Mar (Costa Brava), que cualquier día voy y me quedo a vivir allí. Me encanta ese pueblo.

En fin, que no me puedo quejar de mis vacaciones. Habrá que ir pensando en planear las del año que viene…

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