Personal

20 consejos para llamar a atención al cliente

Hoy en día, la mayoría de las empresas que ofrecen algún servicio disponen de un teléfono de atención al cliente. Yo hace muchos años que me dedico a eso, por lo que te voy a dar unos consejitos para que tu llamada a cualquier servicio de atención al cliente sea una experiencia placentera para todos.

  1. Cuando llames a atención al cliente, seguramente te pediré el número de DNI para localizarte, así que si no te lo sabes procura tenerlo preparado. No puedo perder media hora esperando a que aparezca tu carnet perdido.
  2. Recuerda que el DNI lleva una letra al final. No me obligues a preguntarte “¿y la letraaaa?” cada vez que llames: quedas como un palurdo.
  3. Si llamas para informarte sobre algo y mi respuesta no te gusta, no insistas ni le des vueltas, no entres en un bucle infinito. Piensa que en atención al cliente no nos inventamos las cosas, sino que seguimos las directrices de la empresa, lo que te decimos es lo que hay, te guste o no.
  4. Si llamas enfadado por algo que según tú la empresa ha hecho mal, no vociferes ni despotriques. Cuando haces esto yo enciendo el altavoz del teléfono para que mis compañeros te oigan y, mientras tú echas espuma por la boca, nosotros nos descojonamos todos de ti. Después de finalizar la llamada aún estamos un rato echando unas risas a tu costa.
  5. Si eres cliente de la empresa, no llames lloriqueando para ver si te hacemos un descuento porque te voy a decir que ni hablar del peluquín. Eres exactamente igual que los demás clientes, no eres VIP ni lo serás en tu vida.
  6. Si nos debes dinero y llamas, no me cuentes tu vida ni los graves problemas económicos que atraviesas. Sinceramente, no me importa.
  7. Tampoco me pongas excusas. Eso de que el perro se comió la factura y por eso no la has podido pagar no cuela.
  8. Si llamas para abonar algo con tarjeta de crédito o para decirnos un número de cuenta o cualquier otro dato, tenlo preparado. No voy a esperar media hora a que tú vayas al coche a buscar la cartera.
  9. Si llamas para solicitar algún tipo de documentación y te tomo nota, no vuelvas a llamar a los cinco minutos porque no la has recibido. No eres el único cliente y recibirás las cosas cuando te toque. Recuerda el punto 5: no eres VIP.
  10. Si el banco te ha devuelto un pago, no le eches la culpa al banco ni te pongas en actitud indignada diciendo que vas a ir a la oficina bancaria a montarles el pollo. Piensa que a mí me aparece en pantalla el motivo de la devolución, por lo que sé perfectamente que el impago es por falta de saldo y me voy a reír de ti.
  11. Cuando llames, haz callar al perro y remata al niño para que deje de sufrir y no chille más. De lo contrario, a parte de no enterarme de lo que me estás diciendo me voy a quedar sorda y tendré que coger la baja. Y a ver entonces quién te atiende.
  12. Y no, no podemos colgar y llamarte yo. Si no tienes saldo en el móvil lo recargas, y si te queda poca batería lo enchufas.
  13. No me llames mientras vas conduciendo. A parte de ser peligroso para ti, el ruido que hace esa lata de hace treinta años que tienes por coche no me deja oírte bien. Piensa que cuando me llamas desde el coche hago rituales y conjuros para que te pillen, te metan una multa de las que duelen y te quiten los pocos puntos que te quedan en el carnet. No te confíes, algún día mis conjuros darán resultado.
  14. Si te tengo que enviar documentos, no me exijas que te los envíe ordenados o con la información desglosada a tu gusto. No soy tu secretaria. Y tú no eres VIP.
  15. Cuando llames un lunes quejándote porque durante el fin de semana nadie te ha cogido el teléfono, recuerda que igual que a ti no te gusta trabajar los fines de semana y los festivos (y no los trabajas), a mí tampoco (y tampoco los trabajo).
  16. Cuando me llames para quejarte por algo, no tengas a tu mujer detrás indicándote lo que tienes que decir. Al teléfono se oye todo y quedas como un calzonazos. Y me voy a reír de ti.
  17. Si eres cliente, no hace falta que llames cada día para preguntar tonterías. Ten en cuenta que el teléfono desde el que llamas aparece en pantalla y cuando llamas tanto ya sabemos que eres tú y te pondremos un mote: pasarás de ser el “Sr. López” a ser “el plasta paleto de… (pon aquí tu lugar de procedencia)”.
  18. Si tienes que reclamar algo, no entres gritando y exigiendo. Se te dará una explicación y es lo que hay (recuerda el punto 3). Y no, no te voy a decir mis apellidos ni mi DNI y, por supuesto, no te voy a pasar con un “superior” ni con nadie. Y si me insultas, te colgaré el teléfono sin más, por imbécil.
  19. Si no te ha gustado mi respuesta y vuelves a llamar a ver si se pone otra persona, recuerda que tu número aparece en pantalla, por lo que sabemos que eres tú dando la brasa otra vez. Te vamos a decir exactamente lo mismo y seguramente te pondremos un mote. Además, nos vamos a reír de ti.
  20. Si sabes de sobra cuál es nuestro horario (porque eres un pesado que no para de llamar), ¿por qué llamas cuando sabes que me falta un minuto para irme? ¿sabes que tengo vida después del trabajo? También tienes un mote, ya no eres el “Sr. López”, eres “el gilipollas tocahuevos de… (pon aquí lo que quieras)”.

En resumen, cuando tengas que llamar a un servicio de atención al cliente sé cordial y educado. Piensa que al otro lado del teléfono hay una persona igual que tú, trabajando. No eres superior ni eres VIP. Los que trabajamos en el departamento de atención al cliente no somos los dueños de la empresa, nosotros no ponemos las normas, pero intentamos ayudarte en la medida de nuestras posibilidades.

Se acabaron las vacaciones

Todo lo bueno se acaba (y demasiado pronto). Las vacaciones han terminado y ya he vuelto al trabajo. He aquí un pequeño resumen de lo que ha sido mi veranito.

En primer lugar me fui a Grecia ocho días. Estuve dos en Atenas y seis en Santorini.


Me ha encantado, sobre todo Santorini, es espectacular. Además estaba en un resort con piscina privada en mi habitación, un lujazo. Tengo que volver ahí.

Después de Grecia me tocó trabajar una semanita, que pasó más o menos rápido, y me fui otra semana a Zaragoza, a las fiestas del pueblo de mi madre, como es habitual todos los meses de agosto. Después de eso, y como también viene siendo habitual, me fui cinco días a Tossa de Mar (Costa Brava), que cualquier día voy y me quedo a vivir allí. Me encanta ese pueblo.

En fin, que no me puedo quejar de mis vacaciones. Habrá que ir pensando en planear las del año que viene…

Vacaciones

Yo ya no puedo con mi vida, así que voy a desaparecer del mapa unos días. Estoy con los preparativos de un viaje, voy a ir unos días a Grecia, concretamente a Atenas y Santorini.

No creo que me salgan fotos como esta, pero pienso desconectarme del mundo.

Nos vemos a la vuelta.

CaixaBank, o cómo un banco no puede ser más impresentable

En Barcelona hay una oficina de CaixaBank prácticamente en cada esquina. Mi madre, de 76 años, tiene una cuenta en CaixaBank desde prácticamente toda la vida, en la que cobra la pensión de viudedad y paga los recibos de la casa. Nunca ha debido nada al banco, ni a nadie, y mantiene la cuenta en dicha entidad por la cercanía de sucursales a su domicilio. Mi madre, por su edad, no sabe desenvolverse en Internet ni con los cajeros automáticos. Ella pertenece a otra época, a esa generación que echaba las cuentas con un lápiz y un papel y que no disponía de la tecnología que disfrutamos ahora.

Pues bien, hoy mi madre ha ido a una oficina de CaixaBank para que le actualizasen la libreta, una operación que consiste en meter la libreta en una máquina y que ésta imprima cuatro o cinco líneas, o quizá seis, da igual. Una operación que se realiza en unos pocos segundos. Y los señores de CaixaBank se han negado a actualizarle la libreta. Que esa cuenta se abrió en otra sucursal (también del barrio) y que si quiere algo que vaya allí o que la actualice ella misma en el cajero automático, le han dicho con bastantes malos modos. Uno de los que se han dirigido a ella en estos términos era el director de la sucursal.

Se da la circunstancia de que CaixaBank a mi madre le cobra por los recibos que le mandan a casa y, curiosamente, también le cobra una comisión de mantenimiento por esa cartilla que se niegan a actualizar. A mi madre le hemos aconsejado en casa que cambie de banco y nos vamos a encargar de hacerle todas las gestiones necesarias para ello, eso está claro.

Así es como trata CaixaBank a las personas mayores y clientes de toda la vida. Son unos impresentables.

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