Política

Abuelos en lucha

Después de pasarse la vida trabajando y cotizando, después de ver como año tras año pierden poder adquisitivo y después de la irrisoria subida de las pensiones este año, los jubilados se han hartado y han tomado las calles para protestar contra este gobierno que está saqueando la hucha de las pensiones y, en definitiva, las arcas del Estado. Se han manifestado en varias ciudades y en Madrid, por ejemplo, han logrado romper el cordón policial situado en torno al Congreso.

Me produce bastante tristeza y, por qué no decirlo, mucha vergüenza ver a los abuelos tomando las calles. Vergüenza porque estas son las personas que levantaron el país en su momento, en una época muy difícil. Vergüenza porque ellos son los que lucharon y consiguieron lo que hoy tenemos, porque gracias a su generación los que hoy somos más jóvenes vivimos muy bien en comparación con la época en que a ellos les tocó vivir su juventud. Vergüenza que tengan que ser ellos los que salgan, otra vez, a dar la cara mientras miles de ninis se han pasado el día delante del televisor o jugando a la Play. Otros hemos seguido con nuestro día a día como si no pasara nada, deseando terminar la jornada laboral para volver a casa a descansar, cuando la pérdida del estado del bienestar es algo que nos concierne y nos afecta a todos.

Hoy los jubilados nos han dado una lección a todos y deberíamos estar orgullosos de ellos, porque en su momento levantaron este país y no han abandonado el espíritu de lucha.

Gracias, abuelos.

Yomus, el cáncer de Valencia

Se llaman yomus y se autodefinen como Grupo Ultra Radical Hooligan del Valencia Club de Fútbol. Son nacionalistas españoles, valencianistas exaltados, anticatalanistas y cuentan con neonazis en sus filas. No existen oficialmente ni como peña ni como asociación. No tienen interlocutores ante el Valencia C.F. Tampoco están registrados como grupo de animación y dentro del estadio están prohibidos sus símbolos. Cuando hay partido en Mestalla se ubican en la Grada Joven, un sector del campo con capacidad para cerca de 2.000 abonados. Su grito de guerra es “Valencia somos nosotros” y van vestidos de negro. Son jóvenes, aunque sus líderes (como suele ocurrir entre este tipo de chusma) son gente de más edad, curtiditos. Siguen las consignas de un tal Tomás Ribera, un fisioterapeuta cuarentón aficionado al gimnasio y a los deportes de contacto. Otro de los cabecillas es Joan Josep Martínez, con antecedentes penales por conductas violentas y una sentencia por apuñalar a otro joven. Algunos de estos descerebrados fueron expulsados como socios del club valencianista por acorralar a los jugadores en la Ciudad Deportiva después de perder un partido. La dirección del club intentó entonces controlarlos no permitiendo la entrada en la Grada Joven a mayores de 30 años, con la intención de que no pudieran acceder los líderes. Ante esta medida, esta escoria instauró una “dictadura del silencio”, consistente en no animar al equipo los que podían entrar al campo, y amenazando con agresiones a los aficionados que sí animaban.
En las manifestaciones de tinte más político, normalmente se arrimaban a grupos de extrema derecha como España 2000 o similares. Hasta ahora, porque el pasado lunes 9 de octubre, día de la Comunitat Valenciana acudieron oficialmente y con pancarta propia a la procesión cívica que se organiza cada año en homenaje a la Real Senyera. Unos 400 energúmenos de estos asistieron a una manifestación “cívica” a insultar y agredir a otros participantes, y a realizar saludos fascistas. Algunos de sus miembros, como el analfabeto Vicent Estruch agredieron a otros participantes que defendían la independencia de Catalunya, y también a algún periodista que estaba cubriendo el evento.

Tuit posterior del tal Estruch, en el que se aprecia su alto nivel de redacción y ortografía. Y éste debe ser de los listos, que sabe usar Twitter

La policía considera que no hay más de 200 “yomus” activos y que la mayoría están identificados, pero en los actos del 9 de octubre se aprecia que fueron bastantes más. Las imágenes de esos días han demostrado que esta peña ultra se ha convertido en un catalizador de la violencia de la extrema derecha en Valencia. Esta gentuza sin neuronas son un auténtico cáncer para la sociedad, pero a veces da la impresión de que las autoridades no están demasiado por la labor de extirparlo definitivamente.

Este post se ha hecho a partir de información recopilada aquí y aquí.

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